"Jueves Pozolero" y algunos datos históricos que muchos no conocen

El clima invita a tener una barriguita caliente y nada más rico que un pozole bien servido, ya sea de pollo o de cerdo...

Ahora, si lo quieres estilo gourmet puedes encontrar, por ejemplo, pozole con mariscos en mi hermoso estado de Guerrero, donde cada jueves familias y amigos se reúnen para saborear este delicioso platillo con su respectiva botana que va desde manitas de cerdo en vinagre, trozos de chicharrón, chalupitas, tacos de requesón, etc.

Esta tradición del “jueves pozolero” lleva años de celebrarse en Acapulco. Se dice que empezó en la década de los ochentas cuando una famosa discoteca abría sus puertas los miércoles por la noche y los dueños de restaurantes alrededor empezaron a vender pozole para los desvelados o para los que se pasaban de copitas -y como el pozole es muy rendidor alcanzaba suficiente para el jueves. La discoteca cerró para siempre, pero la costumbre nació para quedarse y comer pozole en jueves.

HISTORIA...
La historia del pozole no empezó así, este platillo fue documentado por varios de los frailes llegados a la Nueva España, entre ellos Fray Bernardino de Sahagún escribió que los antiguos mexicas preparaban el pozole con carne de los cautivos sacrificados en algunas fiestas, principalmente la dedicada a Nuestro Señor el Desollado, Xipe Totec. Una de las formas más comunes de consumir la carne humana era en el pozolli, palabra que en náhuatl significa espumoso o hervido (espuma se dice apotzontli, potzonalli). Desde tiempos de la Excan Tlatolloyan (Triple Alianza) se usaba una variedad de maíz que en la actualidad le llamamos cacahuacintle, cuya principal característica es el gran tamaño de sus granos.

Para la preparación del pozole, primero se precocen los granos de maíz en agua con cal (50 mgs de cal, 5 litros de agua y un kilo de maíz). Cuando suelta el primer hervor es retirado del fuego para dejar reposar toda la noche. Este proceso tiene la finalidad de retirar más fácilmente la dura cobertura de los granos del maíz. Al día siguiente se frotan los granos de maíz para literal “despellejarlos”. Luego se quita la cabecita de cada grano. Posteriormente se coloca en una gran vasija/olla la carne, ya fuera humana, de cerdo de guajolote o pollo junto con los granos precocidos para que hierva por varias horas hasta que el maíz estalle. Los antiguos mexicas decían que se transformaban en flores blancas.

En la actualidad el pozole ha sufrido cambios y diferencias asociadas con la región donde se prepara y consume. En el estado de Guerrero se prepara el blanco y el verde, mientras que en la Ciudad de México, Sinaloa, Nayarit y Jalisco se consume la variante roja. También la botana puede variar, depende de la zona, como por ejemplo, la mayoría de los estados del norte de México lo acompañan con lechuga rayada, pero en lo que todos coinciden es en resaltar su sabor agregándole chile piquín molido y el famoso orégano.

Aunque la distancia me limita en poder degustar todas las opciones para botanear, en casa lo preparo con muy buen sazón y en compañía de mis mejores amigos comparto en forma generosa mis tazones de pozole. En realidad no es difícil de prepararse, pues sólo se necesita las latas de hominy corn cans en inglés; la carne, las ganas de cocinar y “a darle  matarile a la olla”, así decimos en la costa chica de Guerrero.

Fuente: Ortiz. (2016). El Origen del Pozole. México: https://masdemx.com/2016/09/el-origen-del-pozole/

Ahora, si lo quieres estilo gourmet puedes encontrar, por ejemplo, pozole con mariscos en mi hermoso estado de Guerrero, donde cada jueves familias y amigos se reúnen para saborear este delicioso platillo con su respectiva botana que va desde manitas de cerdo en vinagre, trozos de chicharrón, chalupitas, tacos de requesón, etc.

Esta tradición del “jueves pozolero” lleva años de celebrarse en Acapulco. Se dice que empezó en la década de los ochentas cuando una famosa discoteca abría sus puertas los miércoles por la noche y los dueños de restaurantes alrededor empezaron a vender pozole para los desvelados o para los que se pasaban de copitas -y como el pozole es muy rendidor alcanzaba suficiente para el jueves. La discoteca cerró para siempre, pero la costumbre nació para quedarse y comer pozole en jueves.

HISTORIA...
La historia del pozole no empezó así, este platillo fue documentado por varios de los frailes llegados a la Nueva España, entre ellos Fray Bernardino de Sahagún escribió que los antiguos mexicas preparaban el pozole con carne de los cautivos sacrificados en algunas fiestas, principalmente la dedicada a Nuestro Señor el Desollado, Xipe Totec. Una de las formas más comunes de consumir la carne humana era en el pozolli, palabra que en náhuatl significa espumoso o hervido (espuma se dice apotzontli, potzonalli). Desde tiempos de la Excan Tlatolloyan (Triple Alianza) se usaba una variedad de maíz que en la actualidad le llamamos cacahuacintle, cuya principal característica es el gran tamaño de sus granos.

Para la preparación del pozole, primero se precocen los granos de maíz en agua con cal (50 mgs de cal, 5 litros de agua y un kilo de maíz). Cuando suelta el primer hervor es retirado del fuego para dejar reposar toda la noche. Este proceso tiene la finalidad de retirar más fácilmente la dura cobertura de los granos del maíz. Al día siguiente se frotan los granos de maíz para literal “despellejarlos”. Luego se quita la cabecita de cada grano. Posteriormente se coloca en una gran vasija/olla la carne, ya fuera humana, de cerdo de guajolote o pollo junto con los granos precocidos para que hierva por varias horas hasta que el maíz estalle. Los antiguos mexicas decían que se transformaban en flores blancas.

En la actualidad el pozole ha sufrido cambios y diferencias asociadas con la región donde se prepara y consume. En el estado de Guerrero se prepara el blanco y el verde, mientras que en la Ciudad de México, Sinaloa, Nayarit y Jalisco se consume la variante roja. También la botana puede variar, depende de la zona, como por ejemplo, la mayoría de los estados del norte de México lo acompañan con lechuga rayada, pero en lo que todos coinciden es en resaltar su sabor agregándole chile piquín molido y el famoso orégano.

Aunque la distancia me limita en poder degustar todas las opciones para botanear, en casa lo preparo con muy buen sazón y en compañía de mis mejores amigos comparto en forma generosa mis tazones de pozole. En realidad no es difícil de prepararse, pues sólo se necesita las latas de hominy corn cans en inglés; la carne, las ganas de cocinar y “a darle  matarile a la olla”, así decimos en la costa chica de Guerrero.

Fuente: Ortiz. (2016). El Origen del Pozole. México: https://masdemx.com/2016/09/el-origen-del-pozole/