Coloreando el oro blanco

Mientras en la capital de Chile se vivía una tragedia tan grande como la dictadura militar, la infancia que le tocó vivir a Andrea Amosson a principios de los Setentas -con pocas horas de transmisión televisiva y radiodifusoras que no alcanzaban a tocar la música de moda en el desierto de Atacama- fue una bendición, recuerda en tono afable la ahora escritora con residencia en Texas.

“La gran diversión de nosotros como niños era irnos todos juntos a un cerro, sentarnos ahí a mirar el atardecer y contar historias -y básicamente las historias eran de terror, La llorona, el diablo, el perro que se transforma en el diablo, y el olor a azufre, todos esos cuentos que te dan miedo, el de la viuda”, recuerda Amosson,  aquilatando esa infancia inocente, transcurrida en el pueblo minero Pedro de Valdivia en la región de Antofagasta, al norte de Chile.

Tras realizar una exitosa transición del periodismo a la literatura, Amosson explora una nueva avenida dentro de la ficción al estrenar su primera colección de cuentos, luego de saborear una buena acogida por parte de la crítica a su primera novela, publicada en su país natal hace un par de años.

¿Nos puedes hablar un poco del proceso de escribir "Cuentos encaderados", después de debutar como novelista?

"Lo primero que sentí cuando estaba escribiendo este libro es la dificultad que presenta escribir un cuento; como decía Cortázar, 'los cuentos ganan por nocáut y las novelas ganan por puntos', en la novela primera que escribí, que se llama Rictus, hay un personaje que es la protagonista -y la narradora-; y en los cuentos tenía el desafío de que cada historia fuera contada por una voz distinta y es algo bien agotador", admite Amosson, en una entrevista con HOY Dallas.

"Lograr diferenciar una historia de otra a través de la voz del narrador es realmente algo bastante difícil", recalca.

"Cuentos encaderados", es el segundo libro en la carrera literaria de Amosson, tras dejar el periodismo, un oficio que respeta, pero que nunca le permitió sentirse plenamente libre para desarrollar su creatividad, la cual se orienta más hacia la ficción que a la actividad de informar.

"Cuando estaba en la escuela de periodismo, en mi primer año, la asignatura más difícil para mí era periodismo informativo; y justamente porque hay tan poco espacio para la creación, entonces fue bastante difícil ese primer año, de atenerme a los hechos, cuando lo que yo quería era 'agregar de mi cosecha' o modificar las citas, cuando yo entrevistaba a gente y quería que ellos dijeran otra cosa de lo que dijeron, entonces me di cuenta que el periodismo me gustaba mucho, sí. Pero ese tipo de periodismo no me acomodaba.

"Con los talleres de reportaje sí me sentía a mis anchas, porque sí podía escribir todos los encabezados de una manera más literaria, podía ir agregando más elementos del lenguaje y ser más creativa, y finalmente cuando trabajé de periodista, lo hice en ese tipo de área, escribiendo reportajes para revistas o entrevistas”.

De 1996 a 2009 Amosson trabajó en diversas ramas del periodismo, e incluso recuerda que los años que pasó en Europa, trabajando para una organización de ayuda a refugiados, le sirvieron de inspiración para varias historias.

Aun así, se tardó cinco años en escribir su primera novela:  Cuatro en terminarla y uno que le dedicó a la revisión. 

"Me demoré muchísimo. El libro {Rictus} es breve, son como 130 y algo páginas, pero era mi primera obra que se iba a publicar; tengo otra novela -que una editorial me ofreció un contrato- pero era una tirada como de 100 copias, porque me dijeron, está difícil que se venda tu libro, no es comercial. Finalmente decidí no aceptar el contrato y no quise publicar ese libro".

EDITORIAL TEXANA

En sus "Cuentos encaderados", que logró publicar bajo su propio sello editorial (Atacama Press, en Carrollton, Texas), Amosson retoma vivencias que quizá son propias, en algunas casos, pero siempre con el aderezo de la ficción y los detalles de su abundante imaginación.

"La única premisa que tuve cuando me senté a escribir los cuentos era que vinieran del corazón, que hubiera vida, que tuvieran emociones; pero no es autobiográfico, me parece súper difícil escribir no-ficción y más difícil escibir autobiografía", detalla.

"Estoy buscando esas historias que son especiales, pero que a la vez yo tenga la capacidad de contarlas bien; trato de no escribir lo más fácil, creo que voy por lo que no es tan obvio o por los personajes que sean un poco diferentes, ya sea en la forma de hablar, por el trabajo que hacen o cómo se relacionan con la gente, cómo ven el mundo -también puede ser una mirada distinta... si fantasean sobre sí mismos o si son ultrarrealistas".

En los tres años que tienes residiendo en Texas, ¿cómo ha sido tu trato con los latinoamericanos en Dallas y Fort Worth?

"La mayoría de la gente que he conocido es maravillosa, yo me encuentro aquí con el mismo calor que se encuentra en nuestros pueblos, en nuestros países de origen: acogedores, te invitan, te hacen que tú formes parte de su familia. También veo algunos cambios, ciertas modificaciones de conducta que se van dando, debido a la cultura dominante, a la cual yo no me opongo, porque me ha tocado vivir en otros países, pues hay cosas que uno tiene que asumir de la cultura... más bien, nosotros somos visitantes".

"En unos diez años más voy a ser capaz de escribir sobre estas experiencias, -porque voy con un retraso, todavía estoy escribiendo de Chile, de mi país. Recién en este libro de cuentos surge un poco mis experiencias en Europa, pero básicamente es todo sobre Chile".

Amosson también es la fundadora y directora de una revista literaria, una tarea que combina con su quehacer como madre, y esposa , además de ofrecer clases de escritura a grupos pequeños en Carrollton, al norte de Dallas.

 

*SOBRE LA VIDA MINERA*

"Los chilenos no son tan bulliciosos como el resto de los latinoamericanos, lo cual llama la atención porque hay una tendencia a asumir que somos iguales, y en eso se pierden las individualidades y la maravilla que es cada país de Latinoamérica. (Los chilenos) trabajamos duro, yo vengo de una familia de mineros -que es otra cultura dentro de mi país-, es gente que no piensa mucho en el futuro, no tienen ahorros, tratan de vivir el día a día porque literalmente te puedes morir en cualquier momento, no tanto ahora que las condiciones han mejorado, pero antes en el trabajo de la minería, en cualquier momento se derrumbaba la mina, había explosiones o había accidentes, y hasta ahí llegaste. Entonces, esa forma de vivir del minero, creo que yo la tengo todavía".

 -Andrea Amosson

“La gran diversión de nosotros como niños era irnos todos juntos a un cerro, sentarnos ahí a mirar el atardecer y contar historias -y básicamente las historias eran de terror, La llorona, el diablo, el perro que se transforma en el diablo, y el olor a azufre, todos esos cuentos que te dan miedo, el de la viuda”, recuerda Amosson,  aquilatando esa infancia inocente, transcurrida en el pueblo minero Pedro de Valdivia en la región de Antofagasta, al norte de Chile.

Tras realizar una exitosa transición del periodismo a la literatura, Amosson explora una nueva avenida dentro de la ficción al estrenar su primera colección de cuentos, luego de saborear una buena acogida por parte de la crítica a su primera novela, publicada en su país natal hace un par de años.

¿Nos puedes hablar un poco del proceso de escribir "Cuentos encaderados", después de debutar como novelista?

"Lo primero que sentí cuando estaba escribiendo este libro es la dificultad que presenta escribir un cuento; como decía Cortázar, 'los cuentos ganan por nocáut y las novelas ganan por puntos', en la novela primera que escribí, que se llama Rictus, hay un personaje que es la protagonista -y la narradora-; y en los cuentos tenía el desafío de que cada historia fuera contada por una voz distinta y es algo bien agotador", admite Amosson, en una entrevista con HOY Dallas.

"Lograr diferenciar una historia de otra a través de la voz del narrador es realmente algo bastante difícil", recalca.

"Cuentos encaderados", es el segundo libro en la carrera literaria de Amosson, tras dejar el periodismo, un oficio que respeta, pero que nunca le permitió sentirse plenamente libre para desarrollar su creatividad, la cual se orienta más hacia la ficción que a la actividad de informar.

"Cuando estaba en la escuela de periodismo, en mi primer año, la asignatura más difícil para mí era periodismo informativo; y justamente porque hay tan poco espacio para la creación, entonces fue bastante difícil ese primer año, de atenerme a los hechos, cuando lo que yo quería era 'agregar de mi cosecha' o modificar las citas, cuando yo entrevistaba a gente y quería que ellos dijeran otra cosa de lo que dijeron, entonces me di cuenta que el periodismo me gustaba mucho, sí. Pero ese tipo de periodismo no me acomodaba.

"Con los talleres de reportaje sí me sentía a mis anchas, porque sí podía escribir todos los encabezados de una manera más literaria, podía ir agregando más elementos del lenguaje y ser más creativa, y finalmente cuando trabajé de periodista, lo hice en ese tipo de área, escribiendo reportajes para revistas o entrevistas”.

De 1996 a 2009 Amosson trabajó en diversas ramas del periodismo, e incluso recuerda que los años que pasó en Europa, trabajando para una organización de ayuda a refugiados, le sirvieron de inspiración para varias historias.

Aun así, se tardó cinco años en escribir su primera novela:  Cuatro en terminarla y uno que le dedicó a la revisión. 

"Me demoré muchísimo. El libro {Rictus} es breve, son como 130 y algo páginas, pero era mi primera obra que se iba a publicar; tengo otra novela -que una editorial me ofreció un contrato- pero era una tirada como de 100 copias, porque me dijeron, está difícil que se venda tu libro, no es comercial. Finalmente decidí no aceptar el contrato y no quise publicar ese libro".

EDITORIAL TEXANA

En sus "Cuentos encaderados", que logró publicar bajo su propio sello editorial (Atacama Press, en Carrollton, Texas), Amosson retoma vivencias que quizá son propias, en algunas casos, pero siempre con el aderezo de la ficción y los detalles de su abundante imaginación.

"La única premisa que tuve cuando me senté a escribir los cuentos era que vinieran del corazón, que hubiera vida, que tuvieran emociones; pero no es autobiográfico, me parece súper difícil escribir no-ficción y más difícil escibir autobiografía", detalla.

"Estoy buscando esas historias que son especiales, pero que a la vez yo tenga la capacidad de contarlas bien; trato de no escribir lo más fácil, creo que voy por lo que no es tan obvio o por los personajes que sean un poco diferentes, ya sea en la forma de hablar, por el trabajo que hacen o cómo se relacionan con la gente, cómo ven el mundo -también puede ser una mirada distinta... si fantasean sobre sí mismos o si son ultrarrealistas".

En los tres años que tienes residiendo en Texas, ¿cómo ha sido tu trato con los latinoamericanos en Dallas y Fort Worth?

"La mayoría de la gente que he conocido es maravillosa, yo me encuentro aquí con el mismo calor que se encuentra en nuestros pueblos, en nuestros países de origen: acogedores, te invitan, te hacen que tú formes parte de su familia. También veo algunos cambios, ciertas modificaciones de conducta que se van dando, debido a la cultura dominante, a la cual yo no me opongo, porque me ha tocado vivir en otros países, pues hay cosas que uno tiene que asumir de la cultura... más bien, nosotros somos visitantes".

"En unos diez años más voy a ser capaz de escribir sobre estas experiencias, -porque voy con un retraso, todavía estoy escribiendo de Chile, de mi país. Recién en este libro de cuentos surge un poco mis experiencias en Europa, pero básicamente es todo sobre Chile".

Amosson también es la fundadora y directora de una revista literaria, una tarea que combina con su quehacer como madre, y esposa , además de ofrecer clases de escritura a grupos pequeños en Carrollton, al norte de Dallas.

 

*SOBRE LA VIDA MINERA*

"Los chilenos no son tan bulliciosos como el resto de los latinoamericanos, lo cual llama la atención porque hay una tendencia a asumir que somos iguales, y en eso se pierden las individualidades y la maravilla que es cada país de Latinoamérica. (Los chilenos) trabajamos duro, yo vengo de una familia de mineros -que es otra cultura dentro de mi país-, es gente que no piensa mucho en el futuro, no tienen ahorros, tratan de vivir el día a día porque literalmente te puedes morir en cualquier momento, no tanto ahora que las condiciones han mejorado, pero antes en el trabajo de la minería, en cualquier momento se derrumbaba la mina, había explosiones o había accidentes, y hasta ahí llegaste. Entonces, esa forma de vivir del minero, creo que yo la tengo todavía".

 -Andrea Amosson