Ser aficionado de los Dallas Cowboys no es algo sencillo, sobre todo para quienes somos parte de esta nueva generación de aficionados que vivimos de las viejas glorias de esos Vaqueros de los años 70 y 90's.
Quizá es por ello que este viaje familiar causaba tanto furor en mí, el anhelo de ver un partido en el AT&T Stadium, la competencia que se ha tenido previa con los Ravens de Baltimore y el sueño no sólo de ver el gran espectáculo que tanto se rumora sino la cereza del pastel de tal vez poder vivir en carne propia un triunfo de Dallas en casa.
Antes de entrar a fondo sobre mi primera experiencia “en el castillo de cristal”, quiero decir que soy originaria de la Ciudad de México y llevo 12 años viviendo en el estado de Querétaro, en donde resulta que hay vuelos directos a Dallas, y eso, obvio que es muy conveniente. DFW nos recibió con unos 37 grados. Esta fue una visita específicamente planeada a uno de los puntos que nos une como familia que son los deportes y esta bella área metropolitana tiene 2 de nuestros favoritos, como lo es el beisbol con los Texas Rangers y el fut americano con los Cowboys. Entre las actividades planeadas, era ver un partido de los Rangers aprovechando la serie contra los Marineros de Seattle y el tour en Frisco en las instalaciones donde los Cowboys entrenan y se puede vivir la experiencia días antes del partido que se jugó el domingo.
Para estas dos actividades planeadas la que era de mayor interés era visitar The Star en Frisco; en la página oficial de los Cowboys manejan horarios para los tours las cuales decidimos irnos por la suerte y la vieja costumbre de comprarlos directamente en taquilla. Llegamos a casi a la 1 de la tarde y entre la confusión de no encontrar la taquilla y seguir a varias personas, terminamos en un evento que resultó una gran sorpresa, aquí se las cuento: Sin querer, ni mucho menos imaginarlo, entramos al tan exclusivo Cowboys Club con el motivo de la firma de una alianza de mercadotecnia entre el estado de Nayarit y los Dallas Cowboys, quienes adoptaron al estado como su destino turístico mexicano oficial. Como gran amante de los viajes por el interior de mi país, he tenido la oportunidad de poder conocer varios de los lugares de los que tanto hablaba el Secretario de Turismo de Nayarit Juan E. Suarez, como lo es la Isla de San Blas, Sayulita, San Pancho e Islas Marietas, entre otras preciosas playas.
Al fin llegó el tan esperado domingo, la razón principal de este viaje. Después de esta experiencia pude reconfirmar mi gran amor y pasión por el equipo de los Cowboys. La disputa fue entre los Ravens de Baltimore, a quienes Dallas ya ha derrotado en otras temporadas. Toda la experiencia es una gran aventura, desde el tener que considerar llevar auto y donde lo estacionarás hasta caminar algunas largas cuadras para llegar al estadio, esto sumándole los ardientes 40° que sudaba la ciudad. Lista con mis botas blancas como las de las vaqueritas, estrenando mi jersey de CeeDee Lamb y un bello sombrero vaquero originario del Municipio de Humilpan en Querétaro, estaba lista y ansiosa de poder vivir toda la experiencia de asistir a un partido de los Cowboys.
Conforme caminábamos se sentía un ambiente de mucha alegría. Sentía cómo mi corazón se aceleraba, entre aficionados de los Ravens y Cowboys conviviendo en tranquilidad, haciendo bromas y comentarios pero con una sana convivencia que no siempre se logra vivir cuando asisto a partidos en México. La gente reunida en algunas carpas preparando su asado y con sus pantallas, las carpas con la temática de los vaqueros.
Al presentar mi boleto y por fin ingresar me recibió la entrada tan espectacular del AT&T: no les voy a negar que estuve a punto de llorar, de sentir que me encontraba en un sueño, la adrenalina la tenía hasta el tope. Aproveché para tomar video de mi primera impresión y de fondo, sí, “La Chona” de Los Tucanes de Tijuana. Después de dar una vuelta al interior del estadio pasamos a buscar nuestros asientos. Estábamos en la zona media alta y con esto confirmo que sin importar donde te encuentres en cualquier punto del estadio se puede ver el partido y también hay pantallas por todos lados. Hay cosas que no se ven en televisión como las atracciones que se ofrecen en cada fin de cuartos, donde se dan regalos, hay juegos y todo esto mantiene atento al público e incluso animado, incluso si el marcador es adverso al equipo de casa. Me impresionaba que durante todo el partido, siempre había gente fuera de sus lugares, una acción sorprendente ya que yo en ningún momento me quise perder ninguna jugada o movimiento del partido, ya que por experiencia solo había planeado pararme de mi lugar en el el medio tiempo, una parada técnica al baño e ir por alguna golosina para reincorporarme al partido,con la sorpresa de las largas filas en todos los locales, baños y mi duda genuina ,¿porque nadie está viendo el partido? y ese fue el gran choque que me llevé con respecto a la experiencia.
Los primeros 3 cuartos fueron del dominio total de los Ravens y la atmósfera se sentía fría y desanimada. El resultado final de 28-25 para los Ravens me dejó un sabor de boca algo amargo. No obstante, la aventura fue grata; el poder sentirme en un ambiente amable, poder ver la joya de la corona que son las tan famosas America’s Sweetheart, las cheerleaders de los Dallas Cowboys, que desde niña soñaba con hacerlo.
Aunque me llevé esta derrota a casa, pude sentirme parte de una comunidad y de un amor en común con varios corazones. Aún hay muchas cosas que pudiese criticar y juzgar de los Vaqueros, pero si les hablo de mi primera vez en el AT&T, sí lo calificara sería 10/10. Es una experiencia que recomiendo ampliamente, no sólo como fan del equipo, sino sino como fan de la NFL. No hay duda que si ves a tu equipo ganar coronarías, pero sino es así, es un deleite visual y auditivo que un fanático de los deportes se llevará de recuerdo.
Quizá es por ello que este viaje familiar causaba tanto furor en mí, el anhelo de ver un partido en el AT&T Stadium, la competencia que se ha tenido previa con los Ravens de Baltimore y el sueño no sólo de ver el gran espectáculo que tanto se rumora sino la cereza del pastel de tal vez poder vivir en carne propia un triunfo de Dallas en casa.
Antes de entrar a fondo sobre mi primera experiencia “en el castillo de cristal”, quiero decir que soy originaria de la Ciudad de México y llevo 12 años viviendo en el estado de Querétaro, en donde resulta que hay vuelos directos a Dallas, y eso, obvio que es muy conveniente. DFW nos recibió con unos 37 grados. Esta fue una visita específicamente planeada a uno de los puntos que nos une como familia que son los deportes y esta bella área metropolitana tiene 2 de nuestros favoritos, como lo es el beisbol con los Texas Rangers y el fut americano con los Cowboys. Entre las actividades planeadas, era ver un partido de los Rangers aprovechando la serie contra los Marineros de Seattle y el tour en Frisco en las instalaciones donde los Cowboys entrenan y se puede vivir la experiencia días antes del partido que se jugó el domingo.
Para estas dos actividades planeadas la que era de mayor interés era visitar The Star en Frisco; en la página oficial de los Cowboys manejan horarios para los tours las cuales decidimos irnos por la suerte y la vieja costumbre de comprarlos directamente en taquilla. Llegamos a casi a la 1 de la tarde y entre la confusión de no encontrar la taquilla y seguir a varias personas, terminamos en un evento que resultó una gran sorpresa, aquí se las cuento: Sin querer, ni mucho menos imaginarlo, entramos al tan exclusivo Cowboys Club con el motivo de la firma de una alianza de mercadotecnia entre el estado de Nayarit y los Dallas Cowboys, quienes adoptaron al estado como su destino turístico mexicano oficial. Como gran amante de los viajes por el interior de mi país, he tenido la oportunidad de poder conocer varios de los lugares de los que tanto hablaba el Secretario de Turismo de Nayarit Juan E. Suarez, como lo es la Isla de San Blas, Sayulita, San Pancho e Islas Marietas, entre otras preciosas playas.
Al fin llegó el tan esperado domingo, la razón principal de este viaje. Después de esta experiencia pude reconfirmar mi gran amor y pasión por el equipo de los Cowboys. La disputa fue entre los Ravens de Baltimore, a quienes Dallas ya ha derrotado en otras temporadas. Toda la experiencia es una gran aventura, desde el tener que considerar llevar auto y donde lo estacionarás hasta caminar algunas largas cuadras para llegar al estadio, esto sumándole los ardientes 40° que sudaba la ciudad. Lista con mis botas blancas como las de las vaqueritas, estrenando mi jersey de CeeDee Lamb y un bello sombrero vaquero originario del Municipio de Humilpan en Querétaro, estaba lista y ansiosa de poder vivir toda la experiencia de asistir a un partido de los Cowboys.
Conforme caminábamos se sentía un ambiente de mucha alegría. Sentía cómo mi corazón se aceleraba, entre aficionados de los Ravens y Cowboys conviviendo en tranquilidad, haciendo bromas y comentarios pero con una sana convivencia que no siempre se logra vivir cuando asisto a partidos en México. La gente reunida en algunas carpas preparando su asado y con sus pantallas, las carpas con la temática de los vaqueros.
Al presentar mi boleto y por fin ingresar me recibió la entrada tan espectacular del AT&T: no les voy a negar que estuve a punto de llorar, de sentir que me encontraba en un sueño, la adrenalina la tenía hasta el tope. Aproveché para tomar video de mi primera impresión y de fondo, sí, “La Chona” de Los Tucanes de Tijuana. Después de dar una vuelta al interior del estadio pasamos a buscar nuestros asientos. Estábamos en la zona media alta y con esto confirmo que sin importar donde te encuentres en cualquier punto del estadio se puede ver el partido y también hay pantallas por todos lados. Hay cosas que no se ven en televisión como las atracciones que se ofrecen en cada fin de cuartos, donde se dan regalos, hay juegos y todo esto mantiene atento al público e incluso animado, incluso si el marcador es adverso al equipo de casa. Me impresionaba que durante todo el partido, siempre había gente fuera de sus lugares, una acción sorprendente ya que yo en ningún momento me quise perder ninguna jugada o movimiento del partido, ya que por experiencia solo había planeado pararme de mi lugar en el el medio tiempo, una parada técnica al baño e ir por alguna golosina para reincorporarme al partido,con la sorpresa de las largas filas en todos los locales, baños y mi duda genuina ,¿porque nadie está viendo el partido? y ese fue el gran choque que me llevé con respecto a la experiencia.
Los primeros 3 cuartos fueron del dominio total de los Ravens y la atmósfera se sentía fría y desanimada. El resultado final de 28-25 para los Ravens me dejó un sabor de boca algo amargo. No obstante, la aventura fue grata; el poder sentirme en un ambiente amable, poder ver la joya de la corona que son las tan famosas America’s Sweetheart, las cheerleaders de los Dallas Cowboys, que desde niña soñaba con hacerlo.
Aunque me llevé esta derrota a casa, pude sentirme parte de una comunidad y de un amor en común con varios corazones. Aún hay muchas cosas que pudiese criticar y juzgar de los Vaqueros, pero si les hablo de mi primera vez en el AT&T, sí lo calificara sería 10/10. Es una experiencia que recomiendo ampliamente, no sólo como fan del equipo, sino sino como fan de la NFL. No hay duda que si ves a tu equipo ganar coronarías, pero sino es así, es un deleite visual y auditivo que un fanático de los deportes se llevará de recuerdo.