La tenista Renata Zarazúa conmovió a "propios y extraños" en sus dos grandes partidos en individual con sólidas actuaciones en el US Open, en Nueva York.
Tal parece que al mostrar en la enorme vitrina de la redes sociales el inmenso significado del tenis entre sus compatriotas (millones de ellos, primerizos y entusiastas espontáneos al verla en un escenario tan imponente), consiguió también reimpulsar su carrera en el competitivo deporte blanco.
No importa si la rival de Zarazúa estaba cansada o admitió nervios al final del encuentro: importa demasiado el momento anímico que produjo para la mexicana, por cómo se sentía aparentemente descorazonada desde antes de alistarse para jugar el partido que terminaría ganando 7-6 (10), 6-7 (3), 7-5.
¿Qué pesada nube se habría posado por su mente?
"Me costó muchísimo salir hoy. No sé que me pasó, que estaba como nerviosa antes de entrar. Me levanté y tenía como muchas ganas de llorar, como mucho miedo de salir, y nunca me había pasado eso, y dije 'y cómo puede ser, si es lo que me gusta', [y pensé en] cómo ese miedo lo voy a poder transformar", declaró en una entrevista con ESPN después de ganar.
No solo fue un triunfo sentimental de primera ronda, no se puede minimizar o categorizar como tal, porque en términos prácticos, es como haber querido negar la importancia de aquel sorpresivo triunfo de Maria Sharapova en Wimbledon a sus 17 años en el 2004 sobre Serena Williams, la número 1 del mundo en ese entonces, en el que claramente la estadounidense no brindó su mejor actuación ante la joven rusa. Un triunfo es un triunfo y en tenis a veces significa mucho más que los puntos para el ránking, aunque María ya era una estrella naciente.
Primero
El capítulo que escribió la mexicana tiene matices personales que solamente ella conoce, pero que indudablemente se contagiaron de la magia nunca rutinaria del tenis. Zarazúa vino de atrás para imponerse en tres sets en ese inolvidable partido en NYC ante una potente rival, la estadounidense Madison Keys, sembrada entre las primeras 10 mejores del mundo y actual campeona de Australia, hace algunos años incluso finalista allí en Nueva York. Renata sentía que la Arthur Ashe, cancha principal del complejo donde se juega el US Open (o Abierto de Estados Unidos) era demasiado grande; eso posiblemente la sobrecogía sin saber que le esperaba un debut para los libros de historia.
"En este tipo de estadios nunca llegas a sentirte súper bien, es como si intentas buscar esa sensación, pero creo que por ratitos la tuve, es una cancha súper grande, el día que entrené fue como que, uff qué nervios voy a jugar aquí", recordó con alivio tras haber ganado.
Después, tuvo varios días para recuperarse del subidón emocional: La Gran Manzana, el avance y los aficionados sosteniéndola. El hecho de ser la primera mexicana en eliminar a una rival del Top 10 desde 1995, se "viralizó" en las redes, e indudablemente le produjo nueva presión (confiamos en que haya sido de la buena) para el segundo partido, que se fue cargando de ilusión, y que como ya todos saben terminó por marcar el final de su participación en el torneo. Pero también la despedida fue emotiva, ningún momento de ese segundo capítulo de esta inesperada historia tuvo desperdicio.
Segundo
Frente a la francesa Diane Parry en la segunda ronda, Zarazúa también alargó las acciones a tres sets; pero en un desempate, después de otra dura competencia y con la emoción a mil, esta vez en una cancha con menos público (por el tamaño del lugar, no por falta de apoyo), no alcanzó a alzarse victoriosa. Los resúmenes mostraron cómo los aficionados hacían la ola y festejaban cada punto cuando se jugaba el definitivo y crucial último set. Las lágrimas de la mexicana no tardaron en brotar después de saludar a Parry y salir del lugar en medio de porras y vivas a pesar del resultado adverso.
"Perdón", dijo poco después a todos los aficionados que se desvivieron por animarla para que saliera de ese “hoyo” en el que cayó al principio del partido contra la gala, al perderlo 2-6. Aquí les dejo un resumen de cómo volvió a ponerlos al borde de las butacas con esas ganas que sacó de donde solo ella sabe en su intento por salir airosa.
Su actuación inspira y después de este estupendo cierre de año (US Open es el cuarto torneo grande "Grand Slam" del calendario), nosotros también esperamos que la tenista se haya inspirado y reenfocado, para que sepa lo que significa, también a nivel masivo, cada una de sus participaciones en los torneos que ya le esperan. Ese es mi genuino deseo desde esta tribuna desde la que me permito escribir en esta ocasión como articulista deportiva, como mexicana, y como amante del tenis. (Veo que Antonio de Valdes también se puso sentimental, y se vale).
Posdata
México no es semillero de estrellas del tenis, lo sabemos. Tampoco es una disciplina que levante pasiones como lo hace el futbol o el box. Pero este año parece ser el de la diversidad deportiva, en el que disciplinas varias del atletismo o los clavados se están terminando de acomodor en los corazones de millones que por alguna razón no habían sido inspirados para apoyar a sus representantes, independientemente del resultado, pero se siente bien aprender a "normalizar" medallas de oro y primeros lugares, alternados con caídas normales, pero tener la mentalidad que podemos existir con un buen balance de triunfos y derrotas. Es por ello que la historia de Zarazúa vale mucho, más allá del triunfo histórico a nivel estadístico y de grandes titulares en la prensa.
Tal parece que al mostrar en la enorme vitrina de la redes sociales el inmenso significado del tenis entre sus compatriotas (millones de ellos, primerizos y entusiastas espontáneos al verla en un escenario tan imponente), consiguió también reimpulsar su carrera en el competitivo deporte blanco.
No importa si la rival de Zarazúa estaba cansada o admitió nervios al final del encuentro: importa demasiado el momento anímico que produjo para la mexicana, por cómo se sentía aparentemente descorazonada desde antes de alistarse para jugar el partido que terminaría ganando 7-6 (10), 6-7 (3), 7-5.
¿Qué pesada nube se habría posado por su mente?
"Me costó muchísimo salir hoy. No sé que me pasó, que estaba como nerviosa antes de entrar. Me levanté y tenía como muchas ganas de llorar, como mucho miedo de salir, y nunca me había pasado eso, y dije 'y cómo puede ser, si es lo que me gusta', [y pensé en] cómo ese miedo lo voy a poder transformar", declaró en una entrevista con ESPN después de ganar.
No solo fue un triunfo sentimental de primera ronda, no se puede minimizar o categorizar como tal, porque en términos prácticos, es como haber querido negar la importancia de aquel sorpresivo triunfo de Maria Sharapova en Wimbledon a sus 17 años en el 2004 sobre Serena Williams, la número 1 del mundo en ese entonces, en el que claramente la estadounidense no brindó su mejor actuación ante la joven rusa. Un triunfo es un triunfo y en tenis a veces significa mucho más que los puntos para el ránking, aunque María ya era una estrella naciente.
Primero
El capítulo que escribió la mexicana tiene matices personales que solamente ella conoce, pero que indudablemente se contagiaron de la magia nunca rutinaria del tenis. Zarazúa vino de atrás para imponerse en tres sets en ese inolvidable partido en NYC ante una potente rival, la estadounidense Madison Keys, sembrada entre las primeras 10 mejores del mundo y actual campeona de Australia, hace algunos años incluso finalista allí en Nueva York. Renata sentía que la Arthur Ashe, cancha principal del complejo donde se juega el US Open (o Abierto de Estados Unidos) era demasiado grande; eso posiblemente la sobrecogía sin saber que le esperaba un debut para los libros de historia.
"En este tipo de estadios nunca llegas a sentirte súper bien, es como si intentas buscar esa sensación, pero creo que por ratitos la tuve, es una cancha súper grande, el día que entrené fue como que, uff qué nervios voy a jugar aquí", recordó con alivio tras haber ganado.
Después, tuvo varios días para recuperarse del subidón emocional: La Gran Manzana, el avance y los aficionados sosteniéndola. El hecho de ser la primera mexicana en eliminar a una rival del Top 10 desde 1995, se "viralizó" en las redes, e indudablemente le produjo nueva presión (confiamos en que haya sido de la buena) para el segundo partido, que se fue cargando de ilusión, y que como ya todos saben terminó por marcar el final de su participación en el torneo. Pero también la despedida fue emotiva, ningún momento de ese segundo capítulo de esta inesperada historia tuvo desperdicio.
Segundo
Frente a la francesa Diane Parry en la segunda ronda, Zarazúa también alargó las acciones a tres sets; pero en un desempate, después de otra dura competencia y con la emoción a mil, esta vez en una cancha con menos público (por el tamaño del lugar, no por falta de apoyo), no alcanzó a alzarse victoriosa. Los resúmenes mostraron cómo los aficionados hacían la ola y festejaban cada punto cuando se jugaba el definitivo y crucial último set. Las lágrimas de la mexicana no tardaron en brotar después de saludar a Parry y salir del lugar en medio de porras y vivas a pesar del resultado adverso.
"Perdón", dijo poco después a todos los aficionados que se desvivieron por animarla para que saliera de ese “hoyo” en el que cayó al principio del partido contra la gala, al perderlo 2-6. Aquí les dejo un resumen de cómo volvió a ponerlos al borde de las butacas con esas ganas que sacó de donde solo ella sabe en su intento por salir airosa.
Su actuación inspira y después de este estupendo cierre de año (US Open es el cuarto torneo grande "Grand Slam" del calendario), nosotros también esperamos que la tenista se haya inspirado y reenfocado, para que sepa lo que significa, también a nivel masivo, cada una de sus participaciones en los torneos que ya le esperan. Ese es mi genuino deseo desde esta tribuna desde la que me permito escribir en esta ocasión como articulista deportiva, como mexicana, y como amante del tenis. (Veo que Antonio de Valdes también se puso sentimental, y se vale).
Posdata
México no es semillero de estrellas del tenis, lo sabemos. Tampoco es una disciplina que levante pasiones como lo hace el futbol o el box. Pero este año parece ser el de la diversidad deportiva, en el que disciplinas varias del atletismo o los clavados se están terminando de acomodor en los corazones de millones que por alguna razón no habían sido inspirados para apoyar a sus representantes, independientemente del resultado, pero se siente bien aprender a "normalizar" medallas de oro y primeros lugares, alternados con caídas normales, pero tener la mentalidad que podemos existir con un buen balance de triunfos y derrotas. Es por ello que la historia de Zarazúa vale mucho, más allá del triunfo histórico a nivel estadístico y de grandes titulares en la prensa.