"Lucha México": Porque la tradición sigue viva

El documental "Lucha México" es un retrato cautivante y nostálgico sobre el espectáculo de la lucha libre, de su sobrevivencia y el modus vivendi de los profesionales que se ganan la vida arriba del ring en las tradicionales arenas o, cada vez más a menudo, en simples espacios improvisados a lo largo de la República Mexicana.

Dirigido por Alex Hammond y Ian Markiewicz, Lucha México emocionará a los aficionados a las luchas y quizá gane alguno que otro nuevo adepto. El enfoque cercano sobre las vidas de rudos y técnicos refleja el mismo deseo elemental de sobrevivencia de cualquier ser humano, unos con máscara y otros sin ella. El público es quien decide si aplaude más a los maromeros o a los que eligen los golpes. La presencia de la gente chiquita no puede faltar: no son mascotas, son luchadores de estatura pequeña que a veces sienten los golpes más duro que los de estatura regular, por eso tal vez es que despiertan fácil la simpatía del público.

Ya quedan poco ídolos de la talla de El Santo o Blue Demon, pero con dedicación, las nuevas generaciones buscan mantener viva la llamada tradición "de los costalazos". Hay algunos que incluso no se dedican de tiempo completo a la lucha porque el público ya no llena fácilmente las arenas. Es el caso de Fabián el Gitano, el dueño de un gimnasio, que durante un tiempo trabajó como bailarín erótico, ahorró dinero y después estableció su cuartel de acondicionamiento.

El film en sí es una celebración viva, es un coctel de imágenes que pocas veces se presentan de manera tan espontánea en la pantalla grande, la edición debió de ser una labor difícil pero positiva. Es una especie de documental a la National Geographic, pero en escenarios citadinos. En este 2016, Lucha México fue elegida la Selección Oficial -categoría documental- del NYC Film Festival, por algo habrá sido.

En Dallas se estrena: el viernes 15 de julio en el Texas Theatre, a las 7 p.m. en Oak Cliff, con una función final el jueves 21 de julio. 

Dirigido por Alex Hammond y Ian Markiewicz, Lucha México emocionará a los aficionados a las luchas y quizá gane alguno que otro nuevo adepto. El enfoque cercano sobre las vidas de rudos y técnicos refleja el mismo deseo elemental de sobrevivencia de cualquier ser humano, unos con máscara y otros sin ella. El público es quien decide si aplaude más a los maromeros o a los que eligen los golpes. La presencia de la gente chiquita no puede faltar: no son mascotas, son luchadores de estatura pequeña que a veces sienten los golpes más duro que los de estatura regular, por eso tal vez es que despiertan fácil la simpatía del público.

Ya quedan poco ídolos de la talla de El Santo o Blue Demon, pero con dedicación, las nuevas generaciones buscan mantener viva la llamada tradición "de los costalazos". Hay algunos que incluso no se dedican de tiempo completo a la lucha porque el público ya no llena fácilmente las arenas. Es el caso de Fabián el Gitano, el dueño de un gimnasio, que durante un tiempo trabajó como bailarín erótico, ahorró dinero y después estableció su cuartel de acondicionamiento.

El film en sí es una celebración viva, es un coctel de imágenes que pocas veces se presentan de manera tan espontánea en la pantalla grande, la edición debió de ser una labor difícil pero positiva. Es una especie de documental a la National Geographic, pero en escenarios citadinos. En este 2016, Lucha México fue elegida la Selección Oficial -categoría documental- del NYC Film Festival, por algo habrá sido.

En Dallas se estrena: el viernes 15 de julio en el Texas Theatre, a las 7 p.m. en Oak Cliff, con una función final el jueves 21 de julio.