Miguel Bosé culmina con éxito en Dallas la primera parte de su gira por EEUU

DALLAS -- Miguel Bosé lució cómodo, sereno, y supo estar, como solo él sabe hacerlo, frente a los varios miles de fanáticos que hicieron del Music Hall un lugar de hermandad el viernes por la noche.

En un espectáculo musical impecable, de luces multicolores y muchas muestras de cariño y simpatía, Bosé demostró que con los años, el ser enigmático que cautivó a millones en Hispanoamérica se ha vuelto sensible y menos reservado, abierto a expresar sentimientos personales y a ser feliz con la alegría de su público.

De su extensa lista de éxitos, dedicó a Bimba, su sobrina que falleció a principios de este año, el tema "Amiga". Antes de interpretarlo advirtió que se pondría melancólico. Y así fue; sentado, dejó que la letra transcurriera, recitándola casi, en un imperturbable gesto de amor.

A las morenas y también a las que no lo son, les dedicó "Morena mía", con su conocido aire seductor, a pesar de lo cómodo que salió al escenario: con unos tenis en blanco y negro de suelas espesas y unos pantalones negros casi tipo deportivos algo holgados, contrastando con un largo saco negro.

Antes de interpretar "Nada particular", el español, que en abril cumplió 61 años, recalcó la frase "no quiero muros" y pidió al público que se sumara al clamor de pedir que no haya muros, para automáticamente recibir una respuesta-ovación de los presentes, que pocas veces ocuparon sus asientos, casi de pie en la mayor parte del concierto.

El repaso a sus cuarenta años de carrera fue extensivo, rescató "Como un lobo" y "Don diablo", jocoso tema con el que uno de sus coristas lo apoyó al principio.

De lo mucho que le contó al público, a manera de denuncia y confesión íntima, el tema más recurrente que abordó Bosé fue el sus hijos; el gran amor que les tiene y su constante preocupación por el mundo que les dejará. A ellos les dedicó "Estaré", con cierta nostalgia anticipada, en donde explica que, "no importa donde yo esté, siempre estaré en su corazón".

Otra sorpresa fue escucharlo cantar "Siempre en mi mente", del fallecido Juan Gabriel, a quien homenajeó con una versión breve del conocido tema.

Durante la Gira "Estaré", que ya llevó a Bosé por varias ciudades texanas como San Antonio y Houston, el intérprete ofrece las versiones semi-acústicas de sus éxitos, al estilo de su disco "MTV-Unplugged" que lanzó el año pasado.

La velada resultó acogedora, con un toque casi íntimo, y los responsables de seguridad no hicieron mucho por impedirle al público tomar fotos o grabar videos desde los pasillos. No hubo caos a pesar de la emoción que se sentía. Una fotógrafa del equipo de Bosé, incluso, llevó de la mano a uno de sus admiradores cerca del escenario para dejarlo que se tomara una "selfie" con el cantante a sus espaldas.

Con cánticos de "Ole, Olé, Olé, Olé, Bosé, Bosé", los asistentes mimaron al también músico, antes de dejarlo marcharse, quien cual "Amante bandido", no dejó de robarles suspiros durante toda la velada.

En un espectáculo musical impecable, de luces multicolores y muchas muestras de cariño y simpatía, Bosé demostró que con los años, el ser enigmático que cautivó a millones en Hispanoamérica se ha vuelto sensible y menos reservado, abierto a expresar sentimientos personales y a ser feliz con la alegría de su público.

De su extensa lista de éxitos, dedicó a Bimba, su sobrina que falleció a principios de este año, el tema "Amiga". Antes de interpretarlo advirtió que se pondría melancólico. Y así fue; sentado, dejó que la letra transcurriera, recitándola casi, en un imperturbable gesto de amor.

A las morenas y también a las que no lo son, les dedicó "Morena mía", con su conocido aire seductor, a pesar de lo cómodo que salió al escenario: con unos tenis en blanco y negro de suelas espesas y unos pantalones negros casi tipo deportivos algo holgados, contrastando con un largo saco negro.

Antes de interpretar "Nada particular", el español, que en abril cumplió 61 años, recalcó la frase "no quiero muros" y pidió al público que se sumara al clamor de pedir que no haya muros, para automáticamente recibir una respuesta-ovación de los presentes, que pocas veces ocuparon sus asientos, casi de pie en la mayor parte del concierto.

El repaso a sus cuarenta años de carrera fue extensivo, rescató "Como un lobo" y "Don diablo", jocoso tema con el que uno de sus coristas lo apoyó al principio.

De lo mucho que le contó al público, a manera de denuncia y confesión íntima, el tema más recurrente que abordó Bosé fue el sus hijos; el gran amor que les tiene y su constante preocupación por el mundo que les dejará. A ellos les dedicó "Estaré", con cierta nostalgia anticipada, en donde explica que, "no importa donde yo esté, siempre estaré en su corazón".

Otra sorpresa fue escucharlo cantar "Siempre en mi mente", del fallecido Juan Gabriel, a quien homenajeó con una versión breve del conocido tema.

Durante la Gira "Estaré", que ya llevó a Bosé por varias ciudades texanas como San Antonio y Houston, el intérprete ofrece las versiones semi-acústicas de sus éxitos, al estilo de su disco "MTV-Unplugged" que lanzó el año pasado.

La velada resultó acogedora, con un toque casi íntimo, y los responsables de seguridad no hicieron mucho por impedirle al público tomar fotos o grabar videos desde los pasillos. No hubo caos a pesar de la emoción que se sentía. Una fotógrafa del equipo de Bosé, incluso, llevó de la mano a uno de sus admiradores cerca del escenario para dejarlo que se tomara una "selfie" con el cantante a sus espaldas.

Con cánticos de "Ole, Olé, Olé, Olé, Bosé, Bosé", los asistentes mimaron al también músico, antes de dejarlo marcharse, quien cual "Amante bandido", no dejó de robarles suspiros durante toda la velada.