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Programa de Intercambio Cultural ( Visa J-1) genera abuso y maltrato, según reporte

Programa de Intercambio Cultural ( Visa J-1) genera abuso y maltrato, según reporte

MONTGOMERY, Ala. --  Un informe del Sothern Poverty Law Center publicado esta semana señala que un  programa de intercambio cultural del Departamento de Estado de Estados Unidos (Visa J-1) se ha transformado en una fuente de mano de obra barata, sujeto a abusos y maltrato, que socava a los obreros estadounidenses y perjudica la imagen del país en el extranjero.

El informe – Choque Cultural: La Explotación de los Trabajadores de Intercambio Cultural J-1 –describe cómo para muchos, la oportunidad de experimentar la cultura estadounidense se convierte en una promesa  falsa en el Programa de Visa J-1 para Visitantes de Intercambio, diseñado originalmente como una manera de mejorar las relaciones diplomáticas.

Teniendo como base cientos de entrevistas  con trabajadores J-1 en las categorías de Trabajo y Viajes de Verano, -y de Capacitación Profesional y Pasantías-, el informe del SPLC afirma que estos trabajadores, quienes típicamente son estudiantes, son colocados frecuentemente en empleos con horas excesivas, en los que el pago es poco, y las posibilidades para disfrutar de actividades culturales en los EU no existen.

El reporte señala que, debido a estas condiciones los trabajadores están en riesgo de ser sometidos a la trata de personas.

También sugiere que los patronos utilizan este programa muy poco reglamentado para reducir sus costos de mano de obra al no tener que pagar impuestos sobre nómina para los trabajadores con visa J-1. Estos beneficios hacen que las agencias de empleo promuevan el programa a los patronos como una fuente de mano de obra barata.

El Departamento de Estado afirma no estar autorizado para sancionar a los patronos y usualmente hace muy poco para ayudar a los obreros en asuntos relacionados con su empleo.

“Los patronos, los patrocinadores y las agencias de reclutamiento en el extranjero se aprovechan del programa de intercambio cultural, convirtiéndolo en uno de trabajadores temporales con sueldos bajos que beneficia las ganancias del patrono a expensas de estos trabajadores y de la reputación de los Estados  Unidos,” declara Meredith Stewart, la autora del informe y  abogada con el SPLC. “Cada año que el Departamento de Estado no reforma este programa es otro año en que miles de jóvenes regresan a sus países contando como fueron explotados por patronos estadounidenses que tienen un apetito insaciable para la mano de obra barata y vulnerable.”

El informe ofrece recomendaciones detalladas para reenfocar el programa a su misión original y proveer medidas para proteger a los trabajadores J-1, y así también a los obreros estadounidenses.

Muchos de los trabajadores explotados son estudiantes universitarios en el Programa de Trabajo y Viajes de Verano con Visa J-1. Otros vienen a los Estados Unidos para adiestrarse en su carrera como parte del Programa de Capacitación Profesional y Pasantías con Visa J-1. Estas dos categorías de visa J-1 representan 130,000 trabajadores del extranjero que llegan a los Estados Unidos anualmente como parte de un programa de Visa J-1 más amplio.

Los visitantes que desean una visa J-1 se conectan con agencias de empleos designadas por el  Departamento de Estado – conocidos como patrocinadores – las cuales les cobran a los jóvenes extranjeros cientos y miles de dólares para ser asignados a los patronos estadounidenses. Además, los socios de los patronos en el extranjero, quienes reclutan y evalúan los posibles visitantes y trabajadores, también les cobran comisiones excesivas por sus servicios.

Los patrocinadores y los reclutadores le prometen a los trabajadores una oportunidad única – la posibilidad de vivir y trabajar en los Estados Unidos mientras aprenden sobre la cultura norteamericana y mejoran su inglés. Les prometen buenos sueldos y les muestran fotos de vivienda y de empleos atractivos.

Hay un incentivo financiero para hacer que los empleos parezcan lo más atractivo posible. Pero las comisiones excesivas que los reclutadores en el extranjero y los patrocinadores les cobran a los estudiantes no se regulan en lo absoluto, y los estudiantes J-1 frecuentemente toman dinero prestado para pagar.

Cuando llegan a los Estados Unidos, a los trabajadores J-1 los colocan en empleos que pagan muy poco, con menos posibilidades aún de satisfacer la deuda en que incurrieron y de experimentar el intercambio cultural por el cual pagaron. La deuda hace que los obreros no tengan más remedio que continuar laborando en condiciones abusivas. Las trabajadoras J-1 Laura Franco y su hermana creían que estarían trabajando en un “hotel de alta categoría” en Tennessee con alojamiento y comidas gratuitas. Cuando llegaron de la República Dominicana, las ordenaron a alojarse con los caballos en los establos del centro turístico. Además, le asignaron atender a los caballos y darle mantenimiento a los establos en adición a su trabajo limpiando habitaciones en el hotel.

“Sentí que no teníamos otra alternativa,” Laura le explicó al SPLC. “Habíamos pagado tanto dinero para venir aquí y tener un trabajo decente y una experiencia de intercambio cultural. Lo que recibimos no fue lo que acordamos.”

 Los trabajadores estadounidenses también sienten los efectos adversos de las regulaciones débiles del programa. Además de permitir que los patronos contraten a trabajadores con visa J-1 sin antes intentar reclutar a obreros estadounidenses, no hay regulaciones efectivas y significativas que impiden que se pague un sueldo más bajo y así socavar a los trabajadores locales. Esta falta de protecciones para los obreros estadounidenses perjudica particularmente a los jóvenes, quienes enfrentan tasas de desempleo muy altas.

“Sólo podemos esperar que el abuso y el fraude aumente a medida que más patronos acudan al programa de visa J-1 para conseguir mano de obra barata,” afirmó Stewart. “Ya es hora de poner fin a este ciclo de abuso y hacer que este programa regrese a su misión original de proveer un intercambio cultural.”

 

El informe – Choque Cultural: La Explotación de los Trabajadores de Intercambio Cultural J-1 –describe cómo para muchos, la oportunidad de experimentar la cultura estadounidense se convierte en una promesa  falsa en el Programa de Visa J-1 para Visitantes de Intercambio, diseñado originalmente como una manera de mejorar las relaciones diplomáticas.

Teniendo como base cientos de entrevistas  con trabajadores J-1 en las categorías de Trabajo y Viajes de Verano, -y de Capacitación Profesional y Pasantías-, el informe del SPLC afirma que estos trabajadores, quienes típicamente son estudiantes, son colocados frecuentemente en empleos con horas excesivas, en los que el pago es poco, y las posibilidades para disfrutar de actividades culturales en los EU no existen.

El reporte señala que, debido a estas condiciones los trabajadores están en riesgo de ser sometidos a la trata de personas.

También sugiere que los patronos utilizan este programa muy poco reglamentado para reducir sus costos de mano de obra al no tener que pagar impuestos sobre nómina para los trabajadores con visa J-1. Estos beneficios hacen que las agencias de empleo promuevan el programa a los patronos como una fuente de mano de obra barata.

El Departamento de Estado afirma no estar autorizado para sancionar a los patronos y usualmente hace muy poco para ayudar a los obreros en asuntos relacionados con su empleo.

“Los patronos, los patrocinadores y las agencias de reclutamiento en el extranjero se aprovechan del programa de intercambio cultural, convirtiéndolo en uno de trabajadores temporales con sueldos bajos que beneficia las ganancias del patrono a expensas de estos trabajadores y de la reputación de los Estados  Unidos,” declara Meredith Stewart, la autora del informe y  abogada con el SPLC. “Cada año que el Departamento de Estado no reforma este programa es otro año en que miles de jóvenes regresan a sus países contando como fueron explotados por patronos estadounidenses que tienen un apetito insaciable para la mano de obra barata y vulnerable.”

El informe ofrece recomendaciones detalladas para reenfocar el programa a su misión original y proveer medidas para proteger a los trabajadores J-1, y así también a los obreros estadounidenses.

Muchos de los trabajadores explotados son estudiantes universitarios en el Programa de Trabajo y Viajes de Verano con Visa J-1. Otros vienen a los Estados Unidos para adiestrarse en su carrera como parte del Programa de Capacitación Profesional y Pasantías con Visa J-1. Estas dos categorías de visa J-1 representan 130,000 trabajadores del extranjero que llegan a los Estados Unidos anualmente como parte de un programa de Visa J-1 más amplio.

Los visitantes que desean una visa J-1 se conectan con agencias de empleos designadas por el  Departamento de Estado – conocidos como patrocinadores – las cuales les cobran a los jóvenes extranjeros cientos y miles de dólares para ser asignados a los patronos estadounidenses. Además, los socios de los patronos en el extranjero, quienes reclutan y evalúan los posibles visitantes y trabajadores, también les cobran comisiones excesivas por sus servicios.

Los patrocinadores y los reclutadores le prometen a los trabajadores una oportunidad única – la posibilidad de vivir y trabajar en los Estados Unidos mientras aprenden sobre la cultura norteamericana y mejoran su inglés. Les prometen buenos sueldos y les muestran fotos de vivienda y de empleos atractivos.

Hay un incentivo financiero para hacer que los empleos parezcan lo más atractivo posible. Pero las comisiones excesivas que los reclutadores en el extranjero y los patrocinadores les cobran a los estudiantes no se regulan en lo absoluto, y los estudiantes J-1 frecuentemente toman dinero prestado para pagar.

Cuando llegan a los Estados Unidos, a los trabajadores J-1 los colocan en empleos que pagan muy poco, con menos posibilidades aún de satisfacer la deuda en que incurrieron y de experimentar el intercambio cultural por el cual pagaron. La deuda hace que los obreros no tengan más remedio que continuar laborando en condiciones abusivas. Las trabajadoras J-1 Laura Franco y su hermana creían que estarían trabajando en un “hotel de alta categoría” en Tennessee con alojamiento y comidas gratuitas. Cuando llegaron de la República Dominicana, las ordenaron a alojarse con los caballos en los establos del centro turístico. Además, le asignaron atender a los caballos y darle mantenimiento a los establos en adición a su trabajo limpiando habitaciones en el hotel.

“Sentí que no teníamos otra alternativa,” Laura le explicó al SPLC. “Habíamos pagado tanto dinero para venir aquí y tener un trabajo decente y una experiencia de intercambio cultural. Lo que recibimos no fue lo que acordamos.”

 Los trabajadores estadounidenses también sienten los efectos adversos de las regulaciones débiles del programa. Además de permitir que los patronos contraten a trabajadores con visa J-1 sin antes intentar reclutar a obreros estadounidenses, no hay regulaciones efectivas y significativas que impiden que se pague un sueldo más bajo y así socavar a los trabajadores locales. Esta falta de protecciones para los obreros estadounidenses perjudica particularmente a los jóvenes, quienes enfrentan tasas de desempleo muy altas.

“Sólo podemos esperar que el abuso y el fraude aumente a medida que más patronos acudan al programa de visa J-1 para conseguir mano de obra barata,” afirmó Stewart. “Ya es hora de poner fin a este ciclo de abuso y hacer que este programa regrese a su misión original de proveer un intercambio cultural.”