Análisis: El presidente amenaza, desafía y sigue adelante con su agenda

Sin freno hasta ahora, Donald Trump puede mentir, amenazar, desvirtuar, disminuir, ridiculizar y también alardear de los sistemas de espionaje, que tiene a su disposición, ya lo hizo hace unas semanas con oficiales rusos, el Secretario de Relaciones Exteriores Sergéi Lavrov, y el embajador Sergéi Kislyak. Un regalo para Vladimir Putin.

Fuera de los encabezados de la prensa nacional. “Trump revela información secreta a rusos en la Casa blanca”. “Donald Trump comparte datos secretos con los rusos”. No pasó nada. El Presidente respondió con desdén a las preguntas de los reporteros y defendió el derecho que tiene a decir, o desclasificar información como le plazca y cuando le plazca y en eso tiene toda la razón. Lo puede hacer. Lo que ya no puede hacer y eso lo debe tener de muy mal humor, es despedir al recién nombrado Investigador Especial Robert Mueller, que fue Director del FBI durante la administración de George W. Bush. Esa decisión la calificó el presidente como: “Una cacería de brujas”. También aprovecha cuanta aparición tiene ante las cámaras para declararse víctima de un complot de los demócratas que siguen resentidos por su fracaso electoral.

A pesar de todas las investigaciones, incluyendo una con visos criminales, el Presidente continúa con su actitud desafiante. Ya lo dijo durante su campaña: “Puedo salir y dispararle a alguien y me van a seguir queriendo”. Así de seguro está de la lealtad incondicional de sus seguidores y del Congreso Republicano.

La realidad es que tiene razón. No importa lo que haga, desde despedir al Director del FBI James Comey, por considerarlo un respondón e insubordinado que insistió en investigar posibles nexos entre su equipo de campaña y el Kremlin en las elecciones pasadas, el despido de 36 abogados de una dependencia federal a quienes se les informó que tenían un día para dejar limpio su escritorio. Con tan poco tiempo es muy probable que muchos no hayan alcanzado ni a llevarse las fotos de sus hijos y los dibujos que suelen adornar las paredes de los cubículos. En ese grupo se encontraba el abogado que investigaba un posible lavado de dinero de billonarios rusos a través de la organización Trump.

El peligro para la población que gana menos de 250 mil dólares al año y que no va a resultar favorecida con la agenda del Presidente, es que sus medidas siguen adelante, con muchas posibilidades de convertirse en realidad. En el Senado se encuentra ya aprobada por la Cámara de Representantes, (en nuestros países les llamamos diputados), la propuesta de ley que de ser aprobada dejará a más de 24 millones de personas sin seguro, incluidas millones que reciben subsidios para comprar su seguro médico y las que se han beneficiado con el Medical.

También, el número de deportaciones siguen en aumento, desde que asumió la presidencia se incrementaron en un 40%. El objetivo es ganarle a su antecesor que llegó a deportar 30 mil personas al mes, esto se dio en el 2011. Y para su beneplácito avanza la renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. Trump está convencido que México es un país que se hizo billonario a costas del "pobre" vecino del Norte.

Muy poca atención han recibido de los medios, la tragedia que está a punto de ocurrir en las vidas de cientos de miles de padres de familia de bajos recursos que por años se han favorecido de programas federales como el 21st. Century Community Learning Center, que provee de clases y actividades extracurriculares a sus hijos, mientras ellos trabajan. Este programa, a partir de octubre, se queda sin presupuesto, sólo California recibía 132 millones de dólares anuales. Será un castigo. El argumento de la administración Trump: "No se sabe si estos programas son realmente efectivos". Esa pregunta que se la hagan a los padres de familia que se beneficiaban. Hasta hoy, la aplanadora Trump sigue su curso sin que nadie se lo pueda impedir, incluido el Fiscal Especial. La única esperanza es que este nuevo personaje, acelere sus investigaciones y pueda probar, sin lugar a dudas que el Presidente incurrió en un delito por el que tenga que hacer sus maletas y dejar la Casa Blanca.

Fuera de los encabezados de la prensa nacional. “Trump revela información secreta a rusos en la Casa blanca”. “Donald Trump comparte datos secretos con los rusos”. No pasó nada. El Presidente respondió con desdén a las preguntas de los reporteros y defendió el derecho que tiene a decir, o desclasificar información como le plazca y cuando le plazca y en eso tiene toda la razón. Lo puede hacer. Lo que ya no puede hacer y eso lo debe tener de muy mal humor, es despedir al recién nombrado Investigador Especial Robert Mueller, que fue Director del FBI durante la administración de George W. Bush. Esa decisión la calificó el presidente como: “Una cacería de brujas”. También aprovecha cuanta aparición tiene ante las cámaras para declararse víctima de un complot de los demócratas que siguen resentidos por su fracaso electoral.

A pesar de todas las investigaciones, incluyendo una con visos criminales, el Presidente continúa con su actitud desafiante. Ya lo dijo durante su campaña: “Puedo salir y dispararle a alguien y me van a seguir queriendo”. Así de seguro está de la lealtad incondicional de sus seguidores y del Congreso Republicano.

La realidad es que tiene razón. No importa lo que haga, desde despedir al Director del FBI James Comey, por considerarlo un respondón e insubordinado que insistió en investigar posibles nexos entre su equipo de campaña y el Kremlin en las elecciones pasadas, el despido de 36 abogados de una dependencia federal a quienes se les informó que tenían un día para dejar limpio su escritorio. Con tan poco tiempo es muy probable que muchos no hayan alcanzado ni a llevarse las fotos de sus hijos y los dibujos que suelen adornar las paredes de los cubículos. En ese grupo se encontraba el abogado que investigaba un posible lavado de dinero de billonarios rusos a través de la organización Trump.

El peligro para la población que gana menos de 250 mil dólares al año y que no va a resultar favorecida con la agenda del Presidente, es que sus medidas siguen adelante, con muchas posibilidades de convertirse en realidad. En el Senado se encuentra ya aprobada por la Cámara de Representantes, (en nuestros países les llamamos diputados), la propuesta de ley que de ser aprobada dejará a más de 24 millones de personas sin seguro, incluidas millones que reciben subsidios para comprar su seguro médico y las que se han beneficiado con el Medical.

También, el número de deportaciones siguen en aumento, desde que asumió la presidencia se incrementaron en un 40%. El objetivo es ganarle a su antecesor que llegó a deportar 30 mil personas al mes, esto se dio en el 2011. Y para su beneplácito avanza la renegociación del Tratado de Libre Comercio con México y Canadá. Trump está convencido que México es un país que se hizo billonario a costas del "pobre" vecino del Norte.

Muy poca atención han recibido de los medios, la tragedia que está a punto de ocurrir en las vidas de cientos de miles de padres de familia de bajos recursos que por años se han favorecido de programas federales como el 21st. Century Community Learning Center, que provee de clases y actividades extracurriculares a sus hijos, mientras ellos trabajan. Este programa, a partir de octubre, se queda sin presupuesto, sólo California recibía 132 millones de dólares anuales. Será un castigo. El argumento de la administración Trump: "No se sabe si estos programas son realmente efectivos". Esa pregunta que se la hagan a los padres de familia que se beneficiaban. Hasta hoy, la aplanadora Trump sigue su curso sin que nadie se lo pueda impedir, incluido el Fiscal Especial. La única esperanza es que este nuevo personaje, acelere sus investigaciones y pueda probar, sin lugar a dudas que el Presidente incurrió en un delito por el que tenga que hacer sus maletas y dejar la Casa Blanca.