Opinión: Trump utiliza a NorCorea como tabla de salvación

La noticia se publicó, se mencionó y se difundió a partir del miércoles 9 de agosto en todos los medios de comunicación de Estados Unidos y del extranjero: “El FBI realizó una redada en la casa de Paul Manafort, ex jefe de campaña de Donald Trump el pasado 26 de julio”. El abogado del Presidente calificó de inmediato ese acto como un “abuso legal”. A partir de entonces, sucedieron los siguientes hechos:

El 10 de agosto el Presidente acaparó las primeras páginas de todos los periódicos del mundo con una amenaza de “furia y fuego jamás vista en este mundo” contra Corea del Norte. Los reporteros lo interrumpen y tratan de averiguar su postura sobre el cateo en la casa de Alexandría, Virginia, en la que agentes armados del FBI sacaron de su cama al que fuera hombre de todas sus confianzas y lo obligaron a entregarles todos los registros y documentos de depósitos de cuentas que Manafort tiene en el extranjero.

A cada pregunta sobre ese suceso, el Presidente contestó como si no se acordara. “Ah sí ese, se acuerdan que estuvo conmigo muy poco”. Su actitud es como si Manafort hubiera sido un vecino sin importancia al que ya no ve, ni sabe de él por largo tiempo.

Robert S. Mueller III, encargado de la investigación sobre una posible complicidad entre el equipo del Presidente y Rusia para perjudicar a su contrincante en las elecciones pasadas, fue el que autorizó la redada.

En caso de que se le compruebe a Manafort que violó la ley federal conocida como “Bank Secrecy Act” que requiere que todos los ciudadanos estadounidenses informen al gobierno si tienen cuentas en bancos extranjeros, si la cantidad es cuantiosa, enfrentaría hasta 10 años en prisión. Manafort ya dijo que va a cooperar con el gobierno en todo lo que se requiera y entregó, a través de su abogado, más de 400 documentos,cuyo contenido no se ha dado todavía a conocer.

Resulta fascinante observar, cómo a partir de esa noticia, el Presidente reaparece ante los reporteros y las cámaras de televisión, dispuesto a contestar todas las preguntas, siempre y cuando se trate de su nueva cruzada, que involucra al presidente norcoreano Kim Jong Un.

A partir de la redada del FBI a la casa de su excolaborador, no ha pasado un solo día en que se asegure, con sus declaraciones, de que sus palabras serán la noticia de ocho columnas en todos los periódicos el día siguiente. ¿Será que busca desviar la atención de los medios al asunto de Manafort?

El Presidente ha pasado de amenazar a asegurar que el poderío militar del país más poderoso de la tierra, está listo para actuar en caso de que Kim Jong Un se le ocurra enviar un misíl que llegue a aguas cercanas de la base naval que tiene Estados Unidos en la isla de Guam. En otras palabras, envías un misíl que no va a causar muertos porque no tienes el alcance para llegar a la Isla y yo te desaparezco. ¿Es eso lo que quiere decir el Presidente? Porque dice las cosas de tal manera que nadie le entiende, incluyendo a sus más cercanos colaboradores y hay que adivinar o interpretar lo que a la mejor quiso decir.

El Presidente no entiende que con sus bravuconerías orilla al régimen de Kim Jong Un a tomar una decisión equivocada y provocar un conflicto que pone en peligro la vida de millones de personas, empezando con la población de Corea del Sur, que vive en paz y disfruta de uno de los más altos niveles de vida. Su sistema de salud y universitario es un ejemplo para el mundo y lo que menos busca es un conflicto con sus vecinos del Norte.

Para nadie es un secreto, que durante décadas, el líder norcoreano ha respondido con pruebas de misiles y desfiles de su ejército porque está convencido que Estados Unidos tiene planeado atacar a su país, poner un Presidente de su preferencia y asegurarse que su persona termine como lo hicieron los presidentes de Irak y Libia. Amenazas como “haremos de su país un mar de fuego”; “reduciremos a cenizas la Casa Blanca”; “lanzaremos un ataque nuclear al corazón de Estados Unidos”; y otras más han sido difundidas por la propaganda norcoreana. Los presidentes Clinton, Bush y Obama se limitaron a escucharlas. No así el Presidente que tenemos ahora, que por alguna razón, todavía desconocida para nosotros, las ha tomado como verdades absolutas y anuncia al mundo que está listo para la guerra con Corea del Norte y también, por qué no, contra Venezuela y si surge otro conflicto en otra parte del mundo, así como va, lo va agregar a su lista de países que tiene en la mira para enviar tropas, misiles y si lo considera conveniente, hasta una arma nuclear. Para que aprendan.

Así, el candidato que habló de la no intervención, que prometió reducir el número de tropas que tiene Estados Unidos en Japón y oros países del mundo, se proyecta ahora como un Presidente bélico que desdeña la diplomacia y de una manera irresponsable siembra el temor en el mundo a un conflicto armado en el que puede haber armas nucleares.

¿Qué ha motivado al Presidente a reaccionar de una forma tan exagerada contra Corea del Norte? Tal vez Robert Mueller y su equipo de investigadores estén muy cerca de encontrar la respuesta.

El 10 de agosto el Presidente acaparó las primeras páginas de todos los periódicos del mundo con una amenaza de “furia y fuego jamás vista en este mundo” contra Corea del Norte. Los reporteros lo interrumpen y tratan de averiguar su postura sobre el cateo en la casa de Alexandría, Virginia, en la que agentes armados del FBI sacaron de su cama al que fuera hombre de todas sus confianzas y lo obligaron a entregarles todos los registros y documentos de depósitos de cuentas que Manafort tiene en el extranjero.

A cada pregunta sobre ese suceso, el Presidente contestó como si no se acordara. “Ah sí ese, se acuerdan que estuvo conmigo muy poco”. Su actitud es como si Manafort hubiera sido un vecino sin importancia al que ya no ve, ni sabe de él por largo tiempo.

Robert S. Mueller III, encargado de la investigación sobre una posible complicidad entre el equipo del Presidente y Rusia para perjudicar a su contrincante en las elecciones pasadas, fue el que autorizó la redada.

En caso de que se le compruebe a Manafort que violó la ley federal conocida como “Bank Secrecy Act” que requiere que todos los ciudadanos estadounidenses informen al gobierno si tienen cuentas en bancos extranjeros, si la cantidad es cuantiosa, enfrentaría hasta 10 años en prisión. Manafort ya dijo que va a cooperar con el gobierno en todo lo que se requiera y entregó, a través de su abogado, más de 400 documentos,cuyo contenido no se ha dado todavía a conocer.

Resulta fascinante observar, cómo a partir de esa noticia, el Presidente reaparece ante los reporteros y las cámaras de televisión, dispuesto a contestar todas las preguntas, siempre y cuando se trate de su nueva cruzada, que involucra al presidente norcoreano Kim Jong Un.

A partir de la redada del FBI a la casa de su excolaborador, no ha pasado un solo día en que se asegure, con sus declaraciones, de que sus palabras serán la noticia de ocho columnas en todos los periódicos el día siguiente. ¿Será que busca desviar la atención de los medios al asunto de Manafort?

El Presidente ha pasado de amenazar a asegurar que el poderío militar del país más poderoso de la tierra, está listo para actuar en caso de que Kim Jong Un se le ocurra enviar un misíl que llegue a aguas cercanas de la base naval que tiene Estados Unidos en la isla de Guam. En otras palabras, envías un misíl que no va a causar muertos porque no tienes el alcance para llegar a la Isla y yo te desaparezco. ¿Es eso lo que quiere decir el Presidente? Porque dice las cosas de tal manera que nadie le entiende, incluyendo a sus más cercanos colaboradores y hay que adivinar o interpretar lo que a la mejor quiso decir.

El Presidente no entiende que con sus bravuconerías orilla al régimen de Kim Jong Un a tomar una decisión equivocada y provocar un conflicto que pone en peligro la vida de millones de personas, empezando con la población de Corea del Sur, que vive en paz y disfruta de uno de los más altos niveles de vida. Su sistema de salud y universitario es un ejemplo para el mundo y lo que menos busca es un conflicto con sus vecinos del Norte.

Para nadie es un secreto, que durante décadas, el líder norcoreano ha respondido con pruebas de misiles y desfiles de su ejército porque está convencido que Estados Unidos tiene planeado atacar a su país, poner un Presidente de su preferencia y asegurarse que su persona termine como lo hicieron los presidentes de Irak y Libia. Amenazas como “haremos de su país un mar de fuego”; “reduciremos a cenizas la Casa Blanca”; “lanzaremos un ataque nuclear al corazón de Estados Unidos”; y otras más han sido difundidas por la propaganda norcoreana. Los presidentes Clinton, Bush y Obama se limitaron a escucharlas. No así el Presidente que tenemos ahora, que por alguna razón, todavía desconocida para nosotros, las ha tomado como verdades absolutas y anuncia al mundo que está listo para la guerra con Corea del Norte y también, por qué no, contra Venezuela y si surge otro conflicto en otra parte del mundo, así como va, lo va agregar a su lista de países que tiene en la mira para enviar tropas, misiles y si lo considera conveniente, hasta una arma nuclear. Para que aprendan.

Así, el candidato que habló de la no intervención, que prometió reducir el número de tropas que tiene Estados Unidos en Japón y oros países del mundo, se proyecta ahora como un Presidente bélico que desdeña la diplomacia y de una manera irresponsable siembra el temor en el mundo a un conflicto armado en el que puede haber armas nucleares.

¿Qué ha motivado al Presidente a reaccionar de una forma tan exagerada contra Corea del Norte? Tal vez Robert Mueller y su equipo de investigadores estén muy cerca de encontrar la respuesta.