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Los supremacistas blancos salen de sus guaridas y se apoyan en el Presidente

Los supremacistas blancos salen de sus guaridas y se apoyan en el Presidente

Hace 53 años, un lunes 21 de junio, tres jóvenes en Mississippi fueron amordazados, asesinados y sus cuerpos fueron aventados a un pantano.

El hecho hubiera pasado casi desapercibido, si no es porque dos de los asesinados eran blancos, de clase media alta, que llegaron para ser parte de la campaña para registrar nuevos votantes, todos de raza negra a quienes se les aplicaba un criterio diferente para que pudieran votar.

Una de las víctimas fue James Chaney de raza negra, pero fue la muerte de Andrew Goodman y Michael Schwerner, dos universitarios de Nueva York, lo que captó la atención de los medios de comunicación y conmocionó a todo el país; a partir de ese asesinato, la movilización por la lucha por los derechos civiles aumentó en fuerza y organización a nivel nacional.

La solidaridad al movimiento que se dio a mediados de los 60's no se logró con las imágenes de las iglesias que eran incendiadas por miembros del Ku Klux Klan o por los asesinatos a la luz del día de jóvenes de raza negra. Sus cuerpos amanecían colgados ante el alarde de miembros del Ku Klux Klan. Todo cambió con el asesinato de Goodman y Schwerner. Cuando los cuerpos de las víctimas fueron encontrados 45 días después de su desaparición en un pantano y se dieron a conocer los detalles de su ejecución, miles de personas de todos los estratos sociales, salieron a protestar en las calles. Políticos, artistas de cine e intelectuales de todo el país hicieron suya la causa. Fue esa respuesta masiva la que obligó a los políticos de Washington a poner atención a la impunidad con que se daban esos horrendos crímenes.

La agencia que tuvo un papel definitivo fue el FBI (Buró Federal de Investigaciones), al realizar de manera simultánea investigaciones exhaustivas que dieron como resultado el arresto y persecución de la mayoría de los líderes del Ku Klux Klan y la supremacía blanca. En menos de una década, el movimiento del nacionalismo blanco fue aplastado, sus miembros se refugiaron en el anonimato y el movimiento de los neonazis permaneció durante décadas en la irrelevancia.

Todo cambió cuando el candidato Trump se convirtió en Presidente y su estratega principal de campaña, Steve Bannon, un simpatizante y defensor de la supremacía blanca, creador de los “exitosos mensajes” contra los mexicanos, llegó junto con él a la Casa Blanca como su asesor principal. Ya en la cúpula del poder, Bannon se encargó de recordarle al Presidente que el nacionalismo blanco fue el que lo llevó al poder: "No necesitas el voto de las minorías". Fiel a los consejos de su asesor, el Presidente continuó con su arenga a favor del pasado racista de este país y envió, de manera indirecta mensajes de aprobación a "sus fieles votantes". Este apoyo fue el que los alentó a salir de sus guaridas y desfilar con antorchas encendidas, dispuestos a recuperar el país que según ellos, "las minorías les han arrebatado". Con la consigna "no nos desplazarán" iniciaron un movimiento que pretende ser nacional en Charlottesville, Virginia el pasado 12 de agosto.

Ese domingo desde muy temprano se congregaron en un parque, con sus armas y vestiduras de guerreros para anunciar al mundo el inicio de su "revolución blanca". Los participantes portaban con orgullo insignias neonazis, y armas de fuego, superiores a las que portaba la policía local. El saldo final de su burda provocación fue el asesinato de Heather Heyer, de raza blanca, asistente legal que se dedicaba a defender a personas que estaban a punto de perder su casas y a otras que no podían pagar sus hipotecas. También resultaron heridas más de 30 personas, entre ellas, un joven de raza negra que fue alcanzado por cinco miembros del Ku Klux Klan y que sin ningún motivo le propinaron una brutal paliza. La víctima, un día después mostró a los medios, la herida que le causaron en el cráneo, los moretes en toda la cara, y el resultado de las patadas que recibió en el cuerpo. Para esta víctima que muy bien pudo haber perdido la vida, no hubo entrevistas posteriores, ni invitaciones a Good Morning America o a que participara en Dancing with the Stars.

Para los supremacistas blancos la atención de los medios, fue un éxito total. Steven Bannon, no pudo disimular su entusiasmo. "La Guerra" había comenzado y nada la detendría. Para eso contaba con su Presidente quien no le falló a su principal asesor, la estrategia era repartir la culpa en partes iguales, y así lo hizo. Para beneplácito del Ku Klux Klan no los criticó y mucho menos los nombró por su nombre. Eso vino dos días después, ya para entonces la primera declaración, por demás grotesca, había horrorizado a la mayoría de la población del país que se dio cuenta de qué lado estaba el Presidente.

El asesinato de Heather Heyer conmocionó y sacó de su postura cómoda a los habitantes de un país que pensó que se había ya distanciado de su pasado de antorchas, asesinatos y capuchas blancas. Heather de 32 años, pasará a la historia como otra mártir en la lucha contra el racismo y neonazismo.

En tan solo 18 horas, se reunieron en donaciones más de 200 mil dólares para los gastos funerales de Heather y lo demás para lo que la familia necesite. Nada se sabe todavía de las demás víctimas, incluido el joven de raza negra que recibió la paliza del Ku Klux Klan. Mientras tanto en la Casa Blanca, el pasado viernes 28 de agosto, el inmovible

Steve Bannon perdió la chamba. Como regalo de despedida al Presidente declaró que se va satisfecho con el resultado de su gestión que duró un año y que se preparen todos para "la guerra" porque ésta ya comenzó. Grupos neonazis ya anunciaron nuevas protestas que tendrán como escenario diferentes ciudades, incluidas Boston, San Francisco y Los Angeles.

El Acta de los Derechos Civiles, firmada por el Presidente Lyndon B. Johnson en 1964 prohibió la segregación racial en las escuelas y lugares públicos. También eliminó la práctica de discriminación que imperaba contra los negros a la hora de votar. El temor ahora, es que nuestro actual Presidente ha puesto en vigor medidas que amenazan con debilitar esa histórica ley. La primera ha sido la creación de una comisión que tiene como consigna encontrar a los casi cuatro millones de “illegal aliens”, que según el presidente, votaron a favor de su contrincante. “Encuéntrenlos a todos”, exige Trump.

Alicia Alarcón es periodista. Tiene un programa de radio de opinión en Los Angeles. Ha escrito dos libros: La Migra Me Hizo Los Mandados, de Arte Público Press, y Revancha en Los Angeles. Sus columnas se publican en distintos periódicos y revistas en Estados Unidos.

El hecho hubiera pasado casi desapercibido, si no es porque dos de los asesinados eran blancos, de clase media alta, que llegaron para ser parte de la campaña para registrar nuevos votantes, todos de raza negra a quienes se les aplicaba un criterio diferente para que pudieran votar.

Una de las víctimas fue James Chaney de raza negra, pero fue la muerte de Andrew Goodman y Michael Schwerner, dos universitarios de Nueva York, lo que captó la atención de los medios de comunicación y conmocionó a todo el país; a partir de ese asesinato, la movilización por la lucha por los derechos civiles aumentó en fuerza y organización a nivel nacional.

La solidaridad al movimiento que se dio a mediados de los 60's no se logró con las imágenes de las iglesias que eran incendiadas por miembros del Ku Klux Klan o por los asesinatos a la luz del día de jóvenes de raza negra. Sus cuerpos amanecían colgados ante el alarde de miembros del Ku Klux Klan. Todo cambió con el asesinato de Goodman y Schwerner. Cuando los cuerpos de las víctimas fueron encontrados 45 días después de su desaparición en un pantano y se dieron a conocer los detalles de su ejecución, miles de personas de todos los estratos sociales, salieron a protestar en las calles. Políticos, artistas de cine e intelectuales de todo el país hicieron suya la causa. Fue esa respuesta masiva la que obligó a los políticos de Washington a poner atención a la impunidad con que se daban esos horrendos crímenes.

La agencia que tuvo un papel definitivo fue el FBI (Buró Federal de Investigaciones), al realizar de manera simultánea investigaciones exhaustivas que dieron como resultado el arresto y persecución de la mayoría de los líderes del Ku Klux Klan y la supremacía blanca. En menos de una década, el movimiento del nacionalismo blanco fue aplastado, sus miembros se refugiaron en el anonimato y el movimiento de los neonazis permaneció durante décadas en la irrelevancia.

Todo cambió cuando el candidato Trump se convirtió en Presidente y su estratega principal de campaña, Steve Bannon, un simpatizante y defensor de la supremacía blanca, creador de los “exitosos mensajes” contra los mexicanos, llegó junto con él a la Casa Blanca como su asesor principal. Ya en la cúpula del poder, Bannon se encargó de recordarle al Presidente que el nacionalismo blanco fue el que lo llevó al poder: "No necesitas el voto de las minorías". Fiel a los consejos de su asesor, el Presidente continuó con su arenga a favor del pasado racista de este país y envió, de manera indirecta mensajes de aprobación a "sus fieles votantes". Este apoyo fue el que los alentó a salir de sus guaridas y desfilar con antorchas encendidas, dispuestos a recuperar el país que según ellos, "las minorías les han arrebatado". Con la consigna "no nos desplazarán" iniciaron un movimiento que pretende ser nacional en Charlottesville, Virginia el pasado 12 de agosto.

Ese domingo desde muy temprano se congregaron en un parque, con sus armas y vestiduras de guerreros para anunciar al mundo el inicio de su "revolución blanca". Los participantes portaban con orgullo insignias neonazis, y armas de fuego, superiores a las que portaba la policía local. El saldo final de su burda provocación fue el asesinato de Heather Heyer, de raza blanca, asistente legal que se dedicaba a defender a personas que estaban a punto de perder su casas y a otras que no podían pagar sus hipotecas. También resultaron heridas más de 30 personas, entre ellas, un joven de raza negra que fue alcanzado por cinco miembros del Ku Klux Klan y que sin ningún motivo le propinaron una brutal paliza. La víctima, un día después mostró a los medios, la herida que le causaron en el cráneo, los moretes en toda la cara, y el resultado de las patadas que recibió en el cuerpo. Para esta víctima que muy bien pudo haber perdido la vida, no hubo entrevistas posteriores, ni invitaciones a Good Morning America o a que participara en Dancing with the Stars.

Para los supremacistas blancos la atención de los medios, fue un éxito total. Steven Bannon, no pudo disimular su entusiasmo. "La Guerra" había comenzado y nada la detendría. Para eso contaba con su Presidente quien no le falló a su principal asesor, la estrategia era repartir la culpa en partes iguales, y así lo hizo. Para beneplácito del Ku Klux Klan no los criticó y mucho menos los nombró por su nombre. Eso vino dos días después, ya para entonces la primera declaración, por demás grotesca, había horrorizado a la mayoría de la población del país que se dio cuenta de qué lado estaba el Presidente.

El asesinato de Heather Heyer conmocionó y sacó de su postura cómoda a los habitantes de un país que pensó que se había ya distanciado de su pasado de antorchas, asesinatos y capuchas blancas. Heather de 32 años, pasará a la historia como otra mártir en la lucha contra el racismo y neonazismo.

En tan solo 18 horas, se reunieron en donaciones más de 200 mil dólares para los gastos funerales de Heather y lo demás para lo que la familia necesite. Nada se sabe todavía de las demás víctimas, incluido el joven de raza negra que recibió la paliza del Ku Klux Klan. Mientras tanto en la Casa Blanca, el pasado viernes 28 de agosto, el inmovible

Steve Bannon perdió la chamba. Como regalo de despedida al Presidente declaró que se va satisfecho con el resultado de su gestión que duró un año y que se preparen todos para "la guerra" porque ésta ya comenzó. Grupos neonazis ya anunciaron nuevas protestas que tendrán como escenario diferentes ciudades, incluidas Boston, San Francisco y Los Angeles.

El Acta de los Derechos Civiles, firmada por el Presidente Lyndon B. Johnson en 1964 prohibió la segregación racial en las escuelas y lugares públicos. También eliminó la práctica de discriminación que imperaba contra los negros a la hora de votar. El temor ahora, es que nuestro actual Presidente ha puesto en vigor medidas que amenazan con debilitar esa histórica ley. La primera ha sido la creación de una comisión que tiene como consigna encontrar a los casi cuatro millones de “illegal aliens”, que según el presidente, votaron a favor de su contrincante. “Encuéntrenlos a todos”, exige Trump.

Alicia Alarcón es periodista. Tiene un programa de radio de opinión en Los Angeles. Ha escrito dos libros: La Migra Me Hizo Los Mandados, de Arte Público Press, y Revancha en Los Angeles. Sus columnas se publican en distintos periódicos y revistas en Estados Unidos.