38 minutos de Terror en Hawai

Mi amigo Chino y su esposa Olga Villanueva viven una parte del año en Kauai y la otra en su casa en Highland Park (California)...

Olga disfruta el paisaje montañoso de la Isla más antigua de Hawái. A Chino, comentó ella, durante la visita que les hice el pasado diciembre, le gusta dar largos paseos a pie por la orilla de la playa. “La gente es muy amable, no hay delincuencia, la tierra es tan fértil”, aseguró Olga. “Es un paraíso”, confirmó Chino. Este año Olga decidió adelantarse a su esposo y esperarlo en la casa que comparten con su hija, su yerno y sus tres nieto en la isla.

El sabado pasado Olga en Kauai y Chino en Highland Park vivieron los minutos más largos de su vida. La alerta apareció en los celulares unos minutos después de las 8 de la mañana: BALLISTIC MISSILE THREAT INBOUND TO HAWAII. SEEK IMMEDIATE SHELTER. El mensaje de que un misil estaba en camino a Hawai, y que debían de buscar de inmediato refugio, los llenó de pánico y se convirtió en terrón con la afirmación que le seguía en el mismo mensaje: THIS IS NOT A DRILL. Esto no es simulacro.

Al mensaje le siguieron las sirenas que se escucharon en toda la isla. “Las patrullas aparecieron por todas partes: Nos dijeron que teníamos veinte 20 minutos para salir de nuestras casas, que nos lleváramos lo más necesario. ¿Pero a dónde ir? ¿Dónde refugiarnos!”, comentó Olga vía telefónica.

“Yo nada más pensaba, no importa donde se vayan si es un misil nuclear las va alcanzar. Yo pensaba en mis nietos, no puede ser que su vida vaya a terminar así”, compartio su esposo.

Fueron casi 40 minutos de agonía los que sufrió la Familia Villanueva junto con otros tantos millones de habitantes en Hawai que vieron como inminente el final de sus días. El tiempo transcurrió entre lágrimas y despedidas. Las calles se vieron inundadas con gente que corría con muy pocas pertenencias rumbo a un refugio que no sabían dónde se encontraba.

“Nosotros nos quedamos en la casa y lo único que hicimos fue encomendarnos a Dios. Mi hija Karla se encontraba en Honolulu, por cosas de trabajo y hasta allá también llegó la alarma. Su esposo estaba desesperado. No hizo otra cosa más que abrazar a sus niños”, afirma Olga.

El reloj marcó las 8:45 un gran silencio inundó la ciudad. Las alarmas habían dejado de sonar. “Fue como si todo se hubiera quedado quieto. Será que estalló ya el misil y la destrucción viene hacia nosotros. Eso pensamos porque no sabíamos lo que estaba pensando”, agrega Olga. Transcurrieron 3 minutos, “cada segundo fue como una hora para nosotros”, el mensaje salvador llegó a las 8:48: TODO FUE UNA FALSA ALARMA. La explicación llegaría después por televisión. “Ooopps alguien oprimió el botón equivocado”.

Olga disfruta el paisaje montañoso de la Isla más antigua de Hawái. A Chino, comentó ella, durante la visita que les hice el pasado diciembre, le gusta dar largos paseos a pie por la orilla de la playa. “La gente es muy amable, no hay delincuencia, la tierra es tan fértil”, aseguró Olga. “Es un paraíso”, confirmó Chino. Este año Olga decidió adelantarse a su esposo y esperarlo en la casa que comparten con su hija, su yerno y sus tres nieto en la isla.

El sabado pasado Olga en Kauai y Chino en Highland Park vivieron los minutos más largos de su vida. La alerta apareció en los celulares unos minutos después de las 8 de la mañana: BALLISTIC MISSILE THREAT INBOUND TO HAWAII. SEEK IMMEDIATE SHELTER. El mensaje de que un misil estaba en camino a Hawai, y que debían de buscar de inmediato refugio, los llenó de pánico y se convirtió en terrón con la afirmación que le seguía en el mismo mensaje: THIS IS NOT A DRILL. Esto no es simulacro.

Al mensaje le siguieron las sirenas que se escucharon en toda la isla. “Las patrullas aparecieron por todas partes: Nos dijeron que teníamos veinte 20 minutos para salir de nuestras casas, que nos lleváramos lo más necesario. ¿Pero a dónde ir? ¿Dónde refugiarnos!”, comentó Olga vía telefónica.

“Yo nada más pensaba, no importa donde se vayan si es un misil nuclear las va alcanzar. Yo pensaba en mis nietos, no puede ser que su vida vaya a terminar así”, compartio su esposo.

Fueron casi 40 minutos de agonía los que sufrió la Familia Villanueva junto con otros tantos millones de habitantes en Hawai que vieron como inminente el final de sus días. El tiempo transcurrió entre lágrimas y despedidas. Las calles se vieron inundadas con gente que corría con muy pocas pertenencias rumbo a un refugio que no sabían dónde se encontraba.

“Nosotros nos quedamos en la casa y lo único que hicimos fue encomendarnos a Dios. Mi hija Karla se encontraba en Honolulu, por cosas de trabajo y hasta allá también llegó la alarma. Su esposo estaba desesperado. No hizo otra cosa más que abrazar a sus niños”, afirma Olga.

El reloj marcó las 8:45 un gran silencio inundó la ciudad. Las alarmas habían dejado de sonar. “Fue como si todo se hubiera quedado quieto. Será que estalló ya el misil y la destrucción viene hacia nosotros. Eso pensamos porque no sabíamos lo que estaba pensando”, agrega Olga. Transcurrieron 3 minutos, “cada segundo fue como una hora para nosotros”, el mensaje salvador llegó a las 8:48: TODO FUE UNA FALSA ALARMA. La explicación llegaría después por televisión. “Ooopps alguien oprimió el botón equivocado”.