Opinión: Pánico y contradicciones en la Casa Blanca

Muy pocos presidentes en la historia de este país han sido tan prolíferos en la creación de noticias que merecen figurar en la primera página de los periódicos, todos los días, como el nuestro actual.

Los editores, reporteros y corresponsales han tenido que desarrollar nuevas técnicas de interpretación, deducción y análisis para interpretar las afirmaciones, luego las negaciones a las afirmaciones y los tuits y luego las correcciones a los mismos tuits donde niega lo que acaba de escribir y que ya es del dominio público.

Desde la época de Bill Clinton en que le comprobaron sus actos de infidelidad con Mónica Lewinsky, no se vivía en la Casa Blanca un ambiente de pánico, incertidumbre y temor como el que se vive ahora. Clinton fue llevado a un juicio de destitución no por el hecho de haber desbocado sus ímpetus sexuales con la interna, sino por haberlo negado bajo juramente.

El caso del ex-presidente se queda en juego de niños comparado con lo que le espera al actual Presidente quien enfrenta una demanda civil de Stormy Daniels, una actriz de películas pornográficas y una investigación criminal contra su abogado personal, Michael Cohen poseedor de todos sus "secretos" y que ya están en poder del FBI.

¿Cuál es la estrategia del Presidente para enfrentar el escándalo?
A diferencia de Clinton, que dijo Mea culpa y pidió perdón a todos los que ofendió, sobre todo a Lewinsky, el Presidente recurre a lo que hasta ahora le ha dado resultado. Desviar la atención del embrollo legal en que se encuentra con sucias tácticas y vuelve a poner mano dura a los indocumentados. A partir del pasado lunes, dispuso que las mujeres que sean capturadas cruzando la frontera junto con sus hijos, sean separadas de éstos y que se les interne en Centros de Detención diferentes. No importa si sus hijos están en periodo de lactancia. Esta nueva disposición fue recibida con beneplácito por sus múltiples seguidores.

Acosado por las preguntas de los reporteros que buscan reacciones a la demanda de Daniels y otras declaraciones, al Presidente ignora las preguntas de la prensa y aprovecha los reflectores para atacar al grupo de hondureños que en fecha reciente pidieron asilo político y promete eliminar las leyes que los favorecen. "Esa práctica de recibir esa gente tiene que cambiar, como también tiene que cambiar la práctica de capturar y dejar libre a los illegal aliens. Son criminales que merecen ser consignados", afirmó el Presidente en una de sus giras políticas.

El Presidente confía en que con estas declaraciones y las nuevas reglas que ha dictado contra los mexicanos y centroamericanos que cruzan la frontera sin documentos, le van asegurar el voto masivo de los que lo apoyan. No se equivoca, esa estrategia ha probado serle muy efectiva en el pasado, en lo que se equivoca es que, no importa que tan popular sea con sus seguidores o que tanto poder piense que puede ejercer: nada, ni nadie lo salvará del interrogatorio que bajo juramento será sometido por Mueller, esto puede suceder en cualquier momento.

El círculo se le cierra al Jefe del Ejecutivo y el resultado del encuentro inevitable con el Investigador Especial, muy bien puede resultar en una sorpresiva renuncia del Presidente o arriesgarse a enfrentar cargos criminales en los que sin duda figurarán: Obstrucción de justicia, tráfico de influencias, mentir bajo juramento y otros más.

Los editores, reporteros y corresponsales han tenido que desarrollar nuevas técnicas de interpretación, deducción y análisis para interpretar las afirmaciones, luego las negaciones a las afirmaciones y los tuits y luego las correcciones a los mismos tuits donde niega lo que acaba de escribir y que ya es del dominio público.

Desde la época de Bill Clinton en que le comprobaron sus actos de infidelidad con Mónica Lewinsky, no se vivía en la Casa Blanca un ambiente de pánico, incertidumbre y temor como el que se vive ahora. Clinton fue llevado a un juicio de destitución no por el hecho de haber desbocado sus ímpetus sexuales con la interna, sino por haberlo negado bajo juramente.

El caso del ex-presidente se queda en juego de niños comparado con lo que le espera al actual Presidente quien enfrenta una demanda civil de Stormy Daniels, una actriz de películas pornográficas y una investigación criminal contra su abogado personal, Michael Cohen poseedor de todos sus "secretos" y que ya están en poder del FBI.

¿Cuál es la estrategia del Presidente para enfrentar el escándalo?
A diferencia de Clinton, que dijo Mea culpa y pidió perdón a todos los que ofendió, sobre todo a Lewinsky, el Presidente recurre a lo que hasta ahora le ha dado resultado. Desviar la atención del embrollo legal en que se encuentra con sucias tácticas y vuelve a poner mano dura a los indocumentados. A partir del pasado lunes, dispuso que las mujeres que sean capturadas cruzando la frontera junto con sus hijos, sean separadas de éstos y que se les interne en Centros de Detención diferentes. No importa si sus hijos están en periodo de lactancia. Esta nueva disposición fue recibida con beneplácito por sus múltiples seguidores.

Acosado por las preguntas de los reporteros que buscan reacciones a la demanda de Daniels y otras declaraciones, al Presidente ignora las preguntas de la prensa y aprovecha los reflectores para atacar al grupo de hondureños que en fecha reciente pidieron asilo político y promete eliminar las leyes que los favorecen. "Esa práctica de recibir esa gente tiene que cambiar, como también tiene que cambiar la práctica de capturar y dejar libre a los illegal aliens. Son criminales que merecen ser consignados", afirmó el Presidente en una de sus giras políticas.

El Presidente confía en que con estas declaraciones y las nuevas reglas que ha dictado contra los mexicanos y centroamericanos que cruzan la frontera sin documentos, le van asegurar el voto masivo de los que lo apoyan. No se equivoca, esa estrategia ha probado serle muy efectiva en el pasado, en lo que se equivoca es que, no importa que tan popular sea con sus seguidores o que tanto poder piense que puede ejercer: nada, ni nadie lo salvará del interrogatorio que bajo juramento será sometido por Mueller, esto puede suceder en cualquier momento.

El círculo se le cierra al Jefe del Ejecutivo y el resultado del encuentro inevitable con el Investigador Especial, muy bien puede resultar en una sorpresiva renuncia del Presidente o arriesgarse a enfrentar cargos criminales en los que sin duda figurarán: Obstrucción de justicia, tráfico de influencias, mentir bajo juramento y otros más.