El otro movimiento de resistencia civil contra el Presidente

 Ante los actos inmorales del actual Presidente estadounidense, en los lugares menos esperados ha empezado a manifestarse el repudio a las políticas del actual gobierno... 

El Mandatario se arropa con la bandera de las barras y las estrellas para cometer actos por demás crueles, no vistos desde la época en que un líder se creyó invencible y que al final con sus actos destrozó a su país y lo dejó marcado para siempre como un ejemplo de lo que no debe aceptar y tolerar una sociedad.

Considerado un nuevo movimiento de resistencia civil, muchos empleados han optado por negarse a dar servicio a funcionarios públicos del actual gobierno en centros de servicio y restaurantes: Un ejemplo de lo que ya se extiende en todo el país, se e manifestó hace unos días, en la cocina de un restaurante ubicado en la ciudad de Lexington en el estado de Virginia. El chef, el cocinero y los meseros, (se desconoce si el lavaplatos también tuvo algo que ver) del restaurante Ted Hen, decidieron externar su inconformidad de servir y cocinar para una representante del actual Presidente.

Sin imaginar la conmoción que su presencia había ocasionado en el pequeño restaurante con capacidad para 26 personas, Sarah Huckabee Sanders, Secretaria de Prensa del Mandatario, junto con otras 8 personas, incluido su esposo, llegaron el pasado viernes al restaurante, previa reservación. Ordenaron bebidas, un aperitivo de quesos variados y después de consultar el menú cada uno ordenó su platillo principal.

Según afirma el Washington Post, Stephanie Wilkinson, dueña del restaurante recibió una llamada del chef en la que le informaba de la presencia de Sanders y la incomodidad que sus empleados mostraban por la presencia en su lugar de trabajo, de la principal vocera del Presidente.

Temerosa de que se tratara de alguna equivocación, Wilkinson les pidió esperar hasta que ella llegara. Una vez en el restaurante, confirmó que en efecto, era ella. En una de las mesas, vestida de negro, estaba la mujer que ella consideraba defensora de una administración ¨sin compasión y sin ética. "Le pregunté a mi personal que si querían que le pidiera que se fuera. La respuesta fue un rotundo Sí", dijo la entrevistada.

Sin vacilar en su decisión, Wilkinson se acercó a la mesa de Sanders y le pidió que si podían hablar en privado. Las dos mujeres salieron al patio, "le expliqué que en mi restaurante se mantenían altos estándares, como la honestidad, la compasión y la cooperación y que mi deber era mantenerlos. Le pedí que se fuera. Para mí era importante que ella supiera que la veía como una oficial de gobierno, no como una clienta con la que puedo estar en desacuerdo".

Sanders regresó a su mesa, recogió sus cosas y salió seguida del grupo. Intentó pagar lo que habían consumido, pero Wilkinson no aceptó el pago.

"No soy persona que le gusten las confrontaciones, continuó Wilkinson, pero para mí ese fue un momento en que tenía que tomar una decisión que reflejara mis valores morales". Afirmó que para ella Sanders era la funcionaria encargada de defender públicamente las políticas que consideraba "crueles e inaceptables" del Presidente. "Toda la semana vi por televisión como ella evadió las preguntas de los reporteros sobre la política de separar a madres de sus hijos en la frontera".

Al siguiente día, Sanders día hizo pública la humillación que había sufrido en aquel restaurante de Lexington. El Presidente salió en su defensa y atacó de manera pública a Wilkinson. Experiencias similares han vivido, en otros lugares, la abogada Pam Bondi, defensora incondicional del Presidente, que salió escoltada de un cine en la Florida y la Secretaria del Homeland Security (Departamento de Seguridad Nacional) Kirstjen Nielsen quien fue obligada a salir, entre gritos de protesta, de un restaurante mexicano en Washington.

¿Qué tan efectivo ha resultado este tipo de acciones que consisten en rechazar y avergonzar de manera pública a los allegados del Presidente? Difícil de medir, lo cierto es que la política de "cero tolerancia" va en retroceso. Primero, hace dos semanas, el Presidente anunció que ya no separará a los niños de sus padres y hace unos días, da marcha atrás en su afán de consignar a los padres que cruzan la frontera en busca de asilo político. También busca acelerar la reunificación de las madres con sus hijos, que les fueron arrebatados al cruzar la frontera. El daño está hecho y las manifestaciones de repudio hacia el Presidente y sus colaboradores apenas empiezan.

Alicia Alarcón, periodista radial,  conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Angeles, CA.  Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados  y Revancha en Los Angeles (Arte Público Press). Su correo electrónico es: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 

El Mandatario se arropa con la bandera de las barras y las estrellas para cometer actos por demás crueles, no vistos desde la época en que un líder se creyó invencible y que al final con sus actos destrozó a su país y lo dejó marcado para siempre como un ejemplo de lo que no debe aceptar y tolerar una sociedad.

Considerado un nuevo movimiento de resistencia civil, muchos empleados han optado por negarse a dar servicio a funcionarios públicos del actual gobierno en centros de servicio y restaurantes: Un ejemplo de lo que ya se extiende en todo el país, se e manifestó hace unos días, en la cocina de un restaurante ubicado en la ciudad de Lexington en el estado de Virginia. El chef, el cocinero y los meseros, (se desconoce si el lavaplatos también tuvo algo que ver) del restaurante Ted Hen, decidieron externar su inconformidad de servir y cocinar para una representante del actual Presidente.

Sin imaginar la conmoción que su presencia había ocasionado en el pequeño restaurante con capacidad para 26 personas, Sarah Huckabee Sanders, Secretaria de Prensa del Mandatario, junto con otras 8 personas, incluido su esposo, llegaron el pasado viernes al restaurante, previa reservación. Ordenaron bebidas, un aperitivo de quesos variados y después de consultar el menú cada uno ordenó su platillo principal.

Según afirma el Washington Post, Stephanie Wilkinson, dueña del restaurante recibió una llamada del chef en la que le informaba de la presencia de Sanders y la incomodidad que sus empleados mostraban por la presencia en su lugar de trabajo, de la principal vocera del Presidente.

Temerosa de que se tratara de alguna equivocación, Wilkinson les pidió esperar hasta que ella llegara. Una vez en el restaurante, confirmó que en efecto, era ella. En una de las mesas, vestida de negro, estaba la mujer que ella consideraba defensora de una administración ¨sin compasión y sin ética. "Le pregunté a mi personal que si querían que le pidiera que se fuera. La respuesta fue un rotundo Sí", dijo la entrevistada.

Sin vacilar en su decisión, Wilkinson se acercó a la mesa de Sanders y le pidió que si podían hablar en privado. Las dos mujeres salieron al patio, "le expliqué que en mi restaurante se mantenían altos estándares, como la honestidad, la compasión y la cooperación y que mi deber era mantenerlos. Le pedí que se fuera. Para mí era importante que ella supiera que la veía como una oficial de gobierno, no como una clienta con la que puedo estar en desacuerdo".

Sanders regresó a su mesa, recogió sus cosas y salió seguida del grupo. Intentó pagar lo que habían consumido, pero Wilkinson no aceptó el pago.

"No soy persona que le gusten las confrontaciones, continuó Wilkinson, pero para mí ese fue un momento en que tenía que tomar una decisión que reflejara mis valores morales". Afirmó que para ella Sanders era la funcionaria encargada de defender públicamente las políticas que consideraba "crueles e inaceptables" del Presidente. "Toda la semana vi por televisión como ella evadió las preguntas de los reporteros sobre la política de separar a madres de sus hijos en la frontera".

Al siguiente día, Sanders día hizo pública la humillación que había sufrido en aquel restaurante de Lexington. El Presidente salió en su defensa y atacó de manera pública a Wilkinson. Experiencias similares han vivido, en otros lugares, la abogada Pam Bondi, defensora incondicional del Presidente, que salió escoltada de un cine en la Florida y la Secretaria del Homeland Security (Departamento de Seguridad Nacional) Kirstjen Nielsen quien fue obligada a salir, entre gritos de protesta, de un restaurante mexicano en Washington.

¿Qué tan efectivo ha resultado este tipo de acciones que consisten en rechazar y avergonzar de manera pública a los allegados del Presidente? Difícil de medir, lo cierto es que la política de "cero tolerancia" va en retroceso. Primero, hace dos semanas, el Presidente anunció que ya no separará a los niños de sus padres y hace unos días, da marcha atrás en su afán de consignar a los padres que cruzan la frontera en busca de asilo político. También busca acelerar la reunificación de las madres con sus hijos, que les fueron arrebatados al cruzar la frontera. El daño está hecho y las manifestaciones de repudio hacia el Presidente y sus colaboradores apenas empiezan.

Alicia Alarcón, periodista radial,  conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Angeles, CA.  Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados  y Revancha en Los Angeles (Arte Público Press). Su correo electrónico es: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.