Gratitud por fallo de residencia, no deportación, a favor de mexicano en Dallas

En Dallas, un mexicano recibió la residencia permanente, cuando su familia temía lo peor, el pasado viernes 13 que se presentó en un tribunal federal para enfrentar una orden de deportación que amenazaba con separarlo de sus seres más cercanos.

La familia de Víctor Martínez celebró con lágrimas y abrazos la decisión de la jueza Virginia Pérez, quien ordenó la libertad de Martínez, de 45 años, originario del Estado de México, y le concedió además, la "Green Card".

"Es Dios, porque nadie más que él. Es el único", declaró emocionada la señora Esperanza, esposa de Martínez, quien junto a sus hijos y más de 20 activistas pro-inmigrantes llegaron a la corte en el centro de la ciudad para hacer una oración antes de que empezara la audiencia.

Para cancelar su deportación, y además, otorgarle la residencia, la magistrada tomó en cuenta el buen carácter moral de Martínez, los más de diez años (son 20) que ha vivido en el país, y lo doloroso que sería para sus hijos si fuese deportado, explicó María Robles, de Faith in Texas, quien celebró como si fuera una de su familia el fallo a favor del mexicano.

Pero en la casa móvil que habita la familia Martínez en el sur de Arlington, nadie estaba más contenta que Samara, de tan solo 11 años, quien sonriendo hizo la señal para no indicar que no hablaría, aunque fue la primera que respondió a la pregunta sobre quién se sentía más feliz por lo ocurrido.

Su hijo mayor también le dio un largo abrazo a su padre al llegar a casa, pronunciando muy pocas palabras. No era necesario.

A pesar de que consideran milagroso el fallo a favor de Martínez, Robles recordó que la juez sometió al inmigrante a un intenso interrogatorio, y él respondió a cada pregunta.

Uno de los asuntos que más tomó en cuenta la magistrada para emitir su decisión, es la condición médica de dos de los hijos de Martínez nacidos en Estados Unidos, que sufren de un deterioro progresivo de la vista que los podría perjudicar seriamente con el paso del tiempo, opinó Robles.

La activista, que reside en Arlington, también resaltó la dedicación que Martínez demuestra por sus hijos, al estar al tanto de lo que pasa con cada uno de ellos y decidir que su esposa no salga a trabajar para poder cuidar de ellos en casa.

PRONÓSTICO RESERVADO
A pesar de los méritos de Martínez, Robles admite que ella tenía sus reservas.

"En mi propia limitación de pensamiento pensé que solamente le podrían cancelar la deportación", reflexiona la activista, emocionada, después de todo sabía que ni siquiera se había podido conseguir una fianza para Martínez, quien desde antes de la Navidad pasada dejó de recibir la visita de su esposa en un centro de detención en Alvarado, Texas, debido las estrictas reglas de identificación para ingresar en el lugar.

"Yo me hacía el fuerte frente a mis hijos. Pero esto no se lo deseo a nadie", dijo Martínez, vestido con una camiseta del Cruz Azul, sentado junto a su esposa en la sala de su modesta vivienda.

"Si mi hijo no hubiera jugado ese día, si yo no hubiera manejado, hay muchas cosas, se conjuntan y al final resultan en un error que uno no quiere cometer", agregó.

Robles también se mantenía positiva pensando en que la hija de Martínez, María, está próxima a graduarse de la preparatoria y tiene como meta ingresar a la Fuerza Aérea de Estados Unidos... y que sus eventuales credenciales de militar también la podrían ayudar a beneficiar sus padres en un proceso de inmigración.

LA DETENCIÓN
En agosto de 2017, a Víctor Martínez lo arrestó la policía de Arlington por conducir bajo la influencia de sustancias prohibidas cuando transportaba en su automóvil a su hijo, quien iba a participar en un evento deportivo ese día. Después de cumplir su sentencia, en octubre, Martínez fue puesto bajo custodia de ICE y recluido por varios meses en un centro de detención.

Dos veces se celebró una audiencia para tratar de conseguirle una fianza que lo dejara en libertad en lo que se llegaba su cita en la Corte Federal de Dallas y las dos veces se la negaron.

Robles, una de las hispanas más activas de "Faith in Texas" se enteró en febrero del predicamento por el que pasaba la familia del señor Martínez y poco después empezó a apoyar con llamadas y presión sobre el abogado de inmigración que había sido contratado para representar al mexicano de 45 años.

"Ninguna vez fue a verlo a la cárcel, y yo le llamaba para preguntarle qué estrategia tenía para defenderlo", explica Robles, quien recordó cómo el abogado no le dio ninguna explicación a la señora Martínez, cuando dos veces le negaron a su esposo el derecho a fianza.

"Es lo que más a él lo confundía. Perdía la fe porque no le daba nadie esperanzas de nada, solamente su fe, y es lo único...", dijo la reconfortada esposa.

UNA SEÑAL
"Esto fue una clara señal de que Dios está con nosotros aun cuando como seres humanos pensamos que es algo imposible. En circunstancias difíciles nos da el poder Dios y se manifiesta a través de personas para hacer de nosotros instrumentos de paz y amor", declaró Robles conmovida.

El señor Martínez, feliz, y con un poco de timidez en su contento, le envió un mensaje a otros inmigrantes que al igual que él trabajan como modo de vida.

"Tiene uno que salir a buscar la 'chuleta... Que Dios los bendiga en su camino y los ayude porque está difícil ahora en estos tiempos, está muy difícil para andar hasta en la calle".

La familia de Víctor Martínez celebró con lágrimas y abrazos la decisión de la jueza Virginia Pérez, quien ordenó la libertad de Martínez, de 45 años, originario del Estado de México, y le concedió además, la "Green Card".

"Es Dios, porque nadie más que él. Es el único", declaró emocionada la señora Esperanza, esposa de Martínez, quien junto a sus hijos y más de 20 activistas pro-inmigrantes llegaron a la corte en el centro de la ciudad para hacer una oración antes de que empezara la audiencia.

Para cancelar su deportación, y además, otorgarle la residencia, la magistrada tomó en cuenta el buen carácter moral de Martínez, los más de diez años (son 20) que ha vivido en el país, y lo doloroso que sería para sus hijos si fuese deportado, explicó María Robles, de Faith in Texas, quien celebró como si fuera una de su familia el fallo a favor del mexicano.

Pero en la casa móvil que habita la familia Martínez en el sur de Arlington, nadie estaba más contenta que Samara, de tan solo 11 años, quien sonriendo hizo la señal para no indicar que no hablaría, aunque fue la primera que respondió a la pregunta sobre quién se sentía más feliz por lo ocurrido.

Su hijo mayor también le dio un largo abrazo a su padre al llegar a casa, pronunciando muy pocas palabras. No era necesario.

A pesar de que consideran milagroso el fallo a favor de Martínez, Robles recordó que la juez sometió al inmigrante a un intenso interrogatorio, y él respondió a cada pregunta.

Uno de los asuntos que más tomó en cuenta la magistrada para emitir su decisión, es la condición médica de dos de los hijos de Martínez nacidos en Estados Unidos, que sufren de un deterioro progresivo de la vista que los podría perjudicar seriamente con el paso del tiempo, opinó Robles.

La activista, que reside en Arlington, también resaltó la dedicación que Martínez demuestra por sus hijos, al estar al tanto de lo que pasa con cada uno de ellos y decidir que su esposa no salga a trabajar para poder cuidar de ellos en casa.

PRONÓSTICO RESERVADO
A pesar de los méritos de Martínez, Robles admite que ella tenía sus reservas.

"En mi propia limitación de pensamiento pensé que solamente le podrían cancelar la deportación", reflexiona la activista, emocionada, después de todo sabía que ni siquiera se había podido conseguir una fianza para Martínez, quien desde antes de la Navidad pasada dejó de recibir la visita de su esposa en un centro de detención en Alvarado, Texas, debido las estrictas reglas de identificación para ingresar en el lugar.

"Yo me hacía el fuerte frente a mis hijos. Pero esto no se lo deseo a nadie", dijo Martínez, vestido con una camiseta del Cruz Azul, sentado junto a su esposa en la sala de su modesta vivienda.

"Si mi hijo no hubiera jugado ese día, si yo no hubiera manejado, hay muchas cosas, se conjuntan y al final resultan en un error que uno no quiere cometer", agregó.

Robles también se mantenía positiva pensando en que la hija de Martínez, María, está próxima a graduarse de la preparatoria y tiene como meta ingresar a la Fuerza Aérea de Estados Unidos... y que sus eventuales credenciales de militar también la podrían ayudar a beneficiar sus padres en un proceso de inmigración.

LA DETENCIÓN
En agosto de 2017, a Víctor Martínez lo arrestó la policía de Arlington por conducir bajo la influencia de sustancias prohibidas cuando transportaba en su automóvil a su hijo, quien iba a participar en un evento deportivo ese día. Después de cumplir su sentencia, en octubre, Martínez fue puesto bajo custodia de ICE y recluido por varios meses en un centro de detención.

Dos veces se celebró una audiencia para tratar de conseguirle una fianza que lo dejara en libertad en lo que se llegaba su cita en la Corte Federal de Dallas y las dos veces se la negaron.

Robles, una de las hispanas más activas de "Faith in Texas" se enteró en febrero del predicamento por el que pasaba la familia del señor Martínez y poco después empezó a apoyar con llamadas y presión sobre el abogado de inmigración que había sido contratado para representar al mexicano de 45 años.

"Ninguna vez fue a verlo a la cárcel, y yo le llamaba para preguntarle qué estrategia tenía para defenderlo", explica Robles, quien recordó cómo el abogado no le dio ninguna explicación a la señora Martínez, cuando dos veces le negaron a su esposo el derecho a fianza.

"Es lo que más a él lo confundía. Perdía la fe porque no le daba nadie esperanzas de nada, solamente su fe, y es lo único...", dijo la reconfortada esposa.

UNA SEÑAL
"Esto fue una clara señal de que Dios está con nosotros aun cuando como seres humanos pensamos que es algo imposible. En circunstancias difíciles nos da el poder Dios y se manifiesta a través de personas para hacer de nosotros instrumentos de paz y amor", declaró Robles conmovida.

El señor Martínez, feliz, y con un poco de timidez en su contento, le envió un mensaje a otros inmigrantes que al igual que él trabajan como modo de vida.

"Tiene uno que salir a buscar la 'chuleta... Que Dios los bendiga en su camino y los ayude porque está difícil ahora en estos tiempos, está muy difícil para andar hasta en la calle".