"Ella hubiese estado orgullosa": Panadería en Seagoville simboliza el deseo hecho realidad de una madre de familia

El pan francés o bolillo y su "familiar cercana", la telera, son una clara muestra del toque exquisito que ofrece la panadería “Los niños”, abierta al público desde octubre pasado en Seagoville, a orillas de la autopista 175.

"Es fácil hacerlo, pero no es fácil que le salga bien, bien", afirma el señor Joel Soto, quien no se da nunca por safisfecho con el sabor de su pan, aunque al público le parece delicioso. La palabra perfecto probablemente lo enorgullecería más, pero entre la comunidad hispana, la valoración de los clientes a veces va más allá de los productos que consumen.

En su natal Comonfort, Guanajuato, su debut como empresario pequeño fue en realidad con un "carro de tacos" que ponían en la esquina de su casa él y su fallecida esposa. Tiempo después, el pan dulce se le cruzó en el camino, aprendió algo del oficio y tras su llegada a Dallas (alrededor de 1998) volvió a encontrarse en el mundo de las conchas y los polvorones.

A la señora Josefa García no se le concedió verlo trabajar de manera totalmente independiente, como siempre deseó. Durante 20 años el señor Soto fue dueño de una panadería, pero estaba asociado con un hermano. En vida, su esposa y madre de sus cinco hijos le insistía en que por sí mismo también podría sacar adelante un local, conociendo sus buenos hábitos laborales.

La tragedia alcanzó a la familia en 2019 y en septiembre de ese año, la señora García falleció poco después de una visita a Guanajuato. Las cosas no mejoraron mucho al año siguiente con la llegada de la pandemia, pero súbitamente una idea empezó a germinar. El señor Soto se había semi-jubilado por la emergencia de salud...

"Yo de plano ya no tenía ganas de trabajar en esto, pero no sé qué me motivó un día y pensé, por qué no buscamos un lugar... se dieron las cosas y encontramos éste (en Seagoville, a 20 minutos del centro de Dallas)", detalla el señor Soto, quien junto a su hijo Omar trabaja los siete días de la semana en el nuevo local.

"Como si alguien, no sé la creencia de cada uno, pero ha habido personas que me han dicho que tal vez ella (su esposa fallecida) donde esté me mandó el impulso. Que tal vez me haya estado acomodando las cosas... Se tardó, pero aquí estamos".

Omar, quien anteriormente se hacía cargo de aspectos administrativos en la panadería de la que era socio su padre,  dijo que en abril de 2020 empezaron a hacer los trámites para abrir un nuevo negocio.

Los Soto tienen todos los ingredientes y equipo para hornear a diario pan fresco. Su variedad incluye: "orejas", empanadas de queso, de piña, galletas de coco, "caritas", "mantecadas", "ojos", "puerquitos" y polvorones. También ofrecen "cuernos de agua" y  "ligas" o "estribos", dos de las piezas favoritas de la señora Josefa, a quien le gustaba el pan dulce, pero no tan dulce y lo acompañaba con café.

ESENCIA
Omar considera que de cierto modo, la panadería tiene algo de la "esencia" de su madre. "Ella lo alentaba y finalmente se decidió. Qué triste que ella no lo haya visto en persona. Ella hubiese estado orgullosa".

ESTILOS
La producción a la que estaba acostumbrado el señor Soto se vio reducida en su nuevo local y surgió un pequeño dolor de cabezaAl verse sin un panadero que se hiciera cargo de la producción, le tocó volver a hornear.

"Ya estábamos abiertos y no teníamos panadero. Teníamos que hacer algo. Batalla uno más en porciones chicas que en las que uno ya está acostumbrado. Ahí es donde está el detalle, para sacar una revoltura chiquita, ahí es donde se desbalancea uno, porque yo estaba [promediando] unas seis libras de harina (a diario, a comparación de las 50 que sabía mezclar exactamente con una libra de sal y dos o dos y media libras de azúcar). Entonces tenía que quebrarme la cabeza (para saber) cuánta azúcar, cuánta sal le iba a poner".

¿No serán las matemáticas las que están un poquito complicadas?, se le pregunta durante una entrevista en la panadería.

"O como decimos en México, panadero de puño, (que) es muy diferente al panadero de kilo, porque ahí sí va todo (medido) y el puño no, puro tanteo. Es ahí donde yo batallaba, la primera horneada (en la nueva panadería) no nos gustó".

Los vecinos fueron los primeros en probar el pan del nuevo local porque no lo quería vender hasta que no se sintiera bien a gusto con los resultados.

"Y así fui empezando otra vez a agarrar mi ritmo, hasta que lo empecé a encontrar, todavía no lo he encontrado (por completo). Nunca termina uno" (de mejorar).

"Es fácil hacerlo, pero no es fácil que le salga bien, bien", afirma el señor Joel Soto, quien no se da nunca por safisfecho con el sabor de su pan, aunque al público le parece delicioso. La palabra perfecto probablemente lo enorgullecería más, pero entre la comunidad hispana, la valoración de los clientes a veces va más allá de los productos que consumen.

En su natal Comonfort, Guanajuato, su debut como empresario pequeño fue en realidad con un "carro de tacos" que ponían en la esquina de su casa él y su fallecida esposa. Tiempo después, el pan dulce se le cruzó en el camino, aprendió algo del oficio y tras su llegada a Dallas (alrededor de 1998) volvió a encontrarse en el mundo de las conchas y los polvorones.

A la señora Josefa García no se le concedió verlo trabajar de manera totalmente independiente, como siempre deseó. Durante 20 años el señor Soto fue dueño de una panadería, pero estaba asociado con un hermano. En vida, su esposa y madre de sus cinco hijos le insistía en que por sí mismo también podría sacar adelante un local, conociendo sus buenos hábitos laborales.

La tragedia alcanzó a la familia en 2019 y en septiembre de ese año, la señora García falleció poco después de una visita a Guanajuato. Las cosas no mejoraron mucho al año siguiente con la llegada de la pandemia, pero súbitamente una idea empezó a germinar. El señor Soto se había semi-jubilado por la emergencia de salud...

"Yo de plano ya no tenía ganas de trabajar en esto, pero no sé qué me motivó un día y pensé, por qué no buscamos un lugar... se dieron las cosas y encontramos éste (en Seagoville, a 20 minutos del centro de Dallas)", detalla el señor Soto, quien junto a su hijo Omar trabaja los siete días de la semana en el nuevo local.

"Como si alguien, no sé la creencia de cada uno, pero ha habido personas que me han dicho que tal vez ella (su esposa fallecida) donde esté me mandó el impulso. Que tal vez me haya estado acomodando las cosas... Se tardó, pero aquí estamos".

Omar, quien anteriormente se hacía cargo de aspectos administrativos en la panadería de la que era socio su padre,  dijo que en abril de 2020 empezaron a hacer los trámites para abrir un nuevo negocio.

Los Soto tienen todos los ingredientes y equipo para hornear a diario pan fresco. Su variedad incluye: "orejas", empanadas de queso, de piña, galletas de coco, "caritas", "mantecadas", "ojos", "puerquitos" y polvorones. También ofrecen "cuernos de agua" y  "ligas" o "estribos", dos de las piezas favoritas de la señora Josefa, a quien le gustaba el pan dulce, pero no tan dulce y lo acompañaba con café.

ESENCIA
Omar considera que de cierto modo, la panadería tiene algo de la "esencia" de su madre. "Ella lo alentaba y finalmente se decidió. Qué triste que ella no lo haya visto en persona. Ella hubiese estado orgullosa".

ESTILOS
La producción a la que estaba acostumbrado el señor Soto se vio reducida en su nuevo local y surgió un pequeño dolor de cabezaAl verse sin un panadero que se hiciera cargo de la producción, le tocó volver a hornear.

"Ya estábamos abiertos y no teníamos panadero. Teníamos que hacer algo. Batalla uno más en porciones chicas que en las que uno ya está acostumbrado. Ahí es donde está el detalle, para sacar una revoltura chiquita, ahí es donde se desbalancea uno, porque yo estaba [promediando] unas seis libras de harina (a diario, a comparación de las 50 que sabía mezclar exactamente con una libra de sal y dos o dos y media libras de azúcar). Entonces tenía que quebrarme la cabeza (para saber) cuánta azúcar, cuánta sal le iba a poner".

¿No serán las matemáticas las que están un poquito complicadas?, se le pregunta durante una entrevista en la panadería.

"O como decimos en México, panadero de puño, (que) es muy diferente al panadero de kilo, porque ahí sí va todo (medido) y el puño no, puro tanteo. Es ahí donde yo batallaba, la primera horneada (en la nueva panadería) no nos gustó".

Los vecinos fueron los primeros en probar el pan del nuevo local porque no lo quería vender hasta que no se sintiera bien a gusto con los resultados.

"Y así fui empezando otra vez a agarrar mi ritmo, hasta que lo empecé a encontrar, todavía no lo he encontrado (por completo). Nunca termina uno" (de mejorar).