Benny Ibarra vive la música más allá de la fama

Benny Ibarra vive la música más allá de la fama

Benny Ibarra con Lila Downs /Cortesía.

DALLAS -- Benny Ibarra, el primer gran desertor de la banda Timbiriche, es un hombre de fuertes convicciones y muy poco idealista a la vez; más bien, es sencillamente un artista en toda la extensión de la palabra: meticuloso, honesto y comprometido con su obra, o por lo menos, eso fue lo que dejó entrever en una entrevista que concedió a HOY DALLAS en su reciente visita a la ciudad.

Un amante de la música confeso -al grado que la considera su religión- y un artesano de la misma, Benny compartió sobre la creación de La marcha de la vida, su nuevo disco, que prefirió tomarse un buen tiempo y producir algo que lo dejara enteramente satisfecho, a aprovechar el furor que causó hace tres años el reencuentro de Timbiriche en México y salir de prisa con un material improvisado.

Relacionada: En la cúspide Lila Downs deleita con su hechizo musical

Benny fue el productor musical de esa tumultuosa gira de Timbiriche por México y Estados Unidos y eso le brindó la oportunidad de poder grabar inmediatamente con un sello disquero de los grandes, pero cuenta que él en cambio, prefirió despejarse y "recuperarse" a sí mismo. Fue así como pasaron muchos meses hasta que terminó un disco inédito, el séptimo de su carrera y el noveno en toda su colección con el apoyo de OCESA Seitrack.

Ya tiene 40 años, pero Benny es un adulto con alma de niño. Tiene una sonrisa permanente que no le impide hablar con claridad y coherencia sobre sus grandes quehaceres en la vida: como músico, en el que lleva 29 años trabajando en la industria del entretenimiento, y también con orgullo, como padre de familia y esposo. Junto a su esposa Celina, son los felices padres de María de 12 y Mateo de 8. "I am somebody's father, man" (soy el padre de alguien), declara emocionado.

Y lo mismo se divierte produciendo música, "cocinándola", que a la hora de saltar al escenario.

Sonic Ranch, en Tornillo, Texas , el estudio donde grabó La marcha de la vida "es Disneyland para los músicos" cuenta Ibarra con su característica alegría semi-infantil. "A mí me llevó ahí Erick Rubín (ex Timbiriche). "Es un lugar muy mágico, muy dado para hacer la música".

"Hacer música equivale a pasarla bien, divertirte, echar relajo, aprender, crecer, estar con amigos... inclusive ahora que soy solista y durante toda mi carrera de solista he tenido la necesidad de estar rodeado de un grupo."

"Los músicos con los que trabajo son mi familia, mis cuates", afirma.

Y tal vez porque Memo Méndez Guiú, su gurú musical (y pilar de la montaña de éxitos de Timbiriche) no lo acompaña, por primera vez después de muchos años, Ibarra considera que "En "La marcha de la vida" es por mucho donde logro presentar al Benny más expuesto".

Su nueva placa fue coproducida por Aureo Baqueiro y Vico Gutiérrez, además de la intervención de Ibarra en las letras de ocho de los diez temas del disco.

Pero el proceso no fue nada fácil. Benny admite que tiene una especie de fijación con las palabras y los acentos melódicos en éstas, razón por la cual se tomó el tiempo necesario para crear las canciones de La marcha de la vida, con todo ese detalle artesanal del que habla.

"Fue un triunfo muy importante para mí" afirma satisfecho. "Le tengo mucho respeto a la parte de las letras… a la musicalidad de las palabras".

"Calaveras (grabada a dueto con Lila Downs) es de mis logros más grandes, porque la tuve que escribir dos veces", comenta. "En la primera, la melodía no cuadraba con la letra y no dejaba espacios para respirar a la hora de quererla grabar… fue entonces cuando restructuré la melodía y modifiqué parte de la letra".

La melodía, la tesitura… y las armonías, todo fue escrito especialmente para las características vocales de Downs, según Ibarra.

Otra de las cosas que deja muy claro durante la amena conversación, es que, a pesar de la marcada línea romántica de sus canciones Benny realmente intenta "no hacer poesía".

"Intento hablar como hablamos día con día, de una manera casi urbana", descubriendo que el ser romántico en la mayoría de sus temas en realidad, "es un verdadero accidente".

"Son cosas que van más allá de mí. Yo nunca pensé que iba a ser un cantante romántico. No estaba en mis planes ni me interesaba y hasta la fecha tengo un como particular repele al concepto de cantante romántico", abunda.

"A las baladas como que me acerco de una manera alternativa, contestataria...Uno puede imaginarse mil cosas. Yo quisiera volar, pero no tengo alas. Nunca fui fan de Emmanuel, José José o del maestro Armando Manzanero… ni oía las rancheras o a José Alfredo, yo era de Queen o Police, o escuchaba a mi papá (Benny Ibarra padre) para mí esa era la onda.

"Entonces encontré, o más bien, Memo Méndez, vio que … había un conecte en las baladas con mi estilo de voz".

Pero antes de ser malinterpretado, recalca que lo de las letras de protesta o denuncia, contestarias en el sentido político tampoco van con él.

"Nunca me acerqué a la música de esa manera. Si quiero enterarme como está el país de jodido veo las noticias. La música creo que, por lo menos, la que yo aprendí a hacer, es como para vulnerabilizar, para hacerlos más humanos, es como una medicina.

"La música tiene esa ecuación, que cuando oyes algo te transporta, te hace recordar a alguien. Es poderosa. La música es muy poderosa como para usarla para quejarme de algo, no es como yo la aprendí. Yo lo veo más como mi religión, como una manera de acercarme a mi Dios, que es la música.

"Creo que hay que tener mucho cuidado con las palabras", enfatiza.

A propósito de letras que dejan impacto, Cielo, escrita por Paulina Carrá y compuesta por Méndez Guiú e Ibarra, es un tema que surgió graciosamente de una anécdota al mediodía.

Benny estaba tocando unos acordes en la guitarra mientras esperaba a Méndez Guiú para salir a comer y cuando éste salió del baño le dijo que ya tenía en mente la música para esa melodía. Poco después lo comentaron con Carrá, quien le preguntó a Benny que cómo le decía a su esposa para llamara. Él le dijo "le digo cielo" y entonces escribió la letra... "El resto es historia", puntualiza Benny.

"Es una canción que ha sido muy generosa para mí, que tiene un trasfondo muy bonito y que encima de todo es una canción que se ha grabado en otros lenguajes, la han hecho en cumbia, en mariachi... ya es un clásico."

UN INTERÉS ACADÉMICO POR LA MÚSICA. Cuando tenía 14 años, Julissa, su madre, le dijo: "ya no más grupito. Vete a estudiar" y fue así como Benny empezó su formación académica en la música. Estudió en Boston y Nueva York.

Benny compara un poco su abrupta salida de Timbiriche para seguir estudiando a lo que su mamá hizo de joven, cuando abandonó una exitosa carrera de cantante de rocanrol para empezar a hacer teatro.

"A los 27 años ya había producido Jesucristo Súperestrella y el Show de Terror de Rocky y traducía obras", recuerda entusiasmado sobre los inicios de su madre, quien por cierto es hermana del afamado productor Luis de Llano Macedo.

"Siempre mi interés era mucho más académico que realmente la sed de querer ser una estrella y estar en el escenario. Esa parte, también a lo mejor porque la viví tan pequeño... fue como "been there, done that". Ya sé lo que es que te aplaudan, ya sé lo que es firmar autógrafos.

"Para mí siempre digo que es igual de importante como voy a microfonear la tarola de no sé qué canción que la letra del coro, le pongo el mismo interés y le pongo la misma conciencia. Y eso a mí me ayuda a comunicarme más".

Escríbele un correo electrónico a Sandra Velázquez: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Un amante de la música confeso -al grado que la considera su religión- y un artesano de la misma, Benny compartió sobre la creación de La marcha de la vida, su nuevo disco, que prefirió tomarse un buen tiempo y producir algo que lo dejara enteramente satisfecho, a aprovechar el furor que causó hace tres años el reencuentro de Timbiriche en México y salir de prisa con un material improvisado.

Relacionada: En la cúspide Lila Downs deleita con su hechizo musical

Benny fue el productor musical de esa tumultuosa gira de Timbiriche por México y Estados Unidos y eso le brindó la oportunidad de poder grabar inmediatamente con un sello disquero de los grandes, pero cuenta que él en cambio, prefirió despejarse y "recuperarse" a sí mismo. Fue así como pasaron muchos meses hasta que terminó un disco inédito, el séptimo de su carrera y el noveno en toda su colección con el apoyo de OCESA Seitrack.

Ya tiene 40 años, pero Benny es un adulto con alma de niño. Tiene una sonrisa permanente que no le impide hablar con claridad y coherencia sobre sus grandes quehaceres en la vida: como músico, en el que lleva 29 años trabajando en la industria del entretenimiento, y también con orgullo, como padre de familia y esposo. Junto a su esposa Celina, son los felices padres de María de 12 y Mateo de 8. "I am somebody's father, man" (soy el padre de alguien), declara emocionado.

Y lo mismo se divierte produciendo música, "cocinándola", que a la hora de saltar al escenario.

Sonic Ranch, en Tornillo, Texas , el estudio donde grabó La marcha de la vida "es Disneyland para los músicos" cuenta Ibarra con su característica alegría semi-infantil. "A mí me llevó ahí Erick Rubín (ex Timbiriche). "Es un lugar muy mágico, muy dado para hacer la música".

"Hacer música equivale a pasarla bien, divertirte, echar relajo, aprender, crecer, estar con amigos... inclusive ahora que soy solista y durante toda mi carrera de solista he tenido la necesidad de estar rodeado de un grupo."

"Los músicos con los que trabajo son mi familia, mis cuates", afirma.

Y tal vez porque Memo Méndez Guiú, su gurú musical (y pilar de la montaña de éxitos de Timbiriche) no lo acompaña, por primera vez después de muchos años, Ibarra considera que "En "La marcha de la vida" es por mucho donde logro presentar al Benny más expuesto".

Su nueva placa fue coproducida por Aureo Baqueiro y Vico Gutiérrez, además de la intervención de Ibarra en las letras de ocho de los diez temas del disco.

Pero el proceso no fue nada fácil. Benny admite que tiene una especie de fijación con las palabras y los acentos melódicos en éstas, razón por la cual se tomó el tiempo necesario para crear las canciones de La marcha de la vida, con todo ese detalle artesanal del que habla.

"Fue un triunfo muy importante para mí" afirma satisfecho. "Le tengo mucho respeto a la parte de las letras… a la musicalidad de las palabras".

"Calaveras (grabada a dueto con Lila Downs) es de mis logros más grandes, porque la tuve que escribir dos veces", comenta. "En la primera, la melodía no cuadraba con la letra y no dejaba espacios para respirar a la hora de quererla grabar… fue entonces cuando restructuré la melodía y modifiqué parte de la letra".

La melodía, la tesitura… y las armonías, todo fue escrito especialmente para las características vocales de Downs, según Ibarra.

Otra de las cosas que deja muy claro durante la amena conversación, es que, a pesar de la marcada línea romántica de sus canciones Benny realmente intenta "no hacer poesía".

"Intento hablar como hablamos día con día, de una manera casi urbana", descubriendo que el ser romántico en la mayoría de sus temas en realidad, "es un verdadero accidente".

"Son cosas que van más allá de mí. Yo nunca pensé que iba a ser un cantante romántico. No estaba en mis planes ni me interesaba y hasta la fecha tengo un como particular repele al concepto de cantante romántico", abunda.

"A las baladas como que me acerco de una manera alternativa, contestataria...Uno puede imaginarse mil cosas. Yo quisiera volar, pero no tengo alas. Nunca fui fan de Emmanuel, José José o del maestro Armando Manzanero… ni oía las rancheras o a José Alfredo, yo era de Queen o Police, o escuchaba a mi papá (Benny Ibarra padre) para mí esa era la onda.

"Entonces encontré, o más bien, Memo Méndez, vio que … había un conecte en las baladas con mi estilo de voz".

Pero antes de ser malinterpretado, recalca que lo de las letras de protesta o denuncia, contestarias en el sentido político tampoco van con él.

"Nunca me acerqué a la música de esa manera. Si quiero enterarme como está el país de jodido veo las noticias. La música creo que, por lo menos, la que yo aprendí a hacer, es como para vulnerabilizar, para hacerlos más humanos, es como una medicina.

"La música tiene esa ecuación, que cuando oyes algo te transporta, te hace recordar a alguien. Es poderosa. La música es muy poderosa como para usarla para quejarme de algo, no es como yo la aprendí. Yo lo veo más como mi religión, como una manera de acercarme a mi Dios, que es la música.

"Creo que hay que tener mucho cuidado con las palabras", enfatiza.

A propósito de letras que dejan impacto, Cielo, escrita por Paulina Carrá y compuesta por Méndez Guiú e Ibarra, es un tema que surgió graciosamente de una anécdota al mediodía.

Benny estaba tocando unos acordes en la guitarra mientras esperaba a Méndez Guiú para salir a comer y cuando éste salió del baño le dijo que ya tenía en mente la música para esa melodía. Poco después lo comentaron con Carrá, quien le preguntó a Benny que cómo le decía a su esposa para llamara. Él le dijo "le digo cielo" y entonces escribió la letra... "El resto es historia", puntualiza Benny.

"Es una canción que ha sido muy generosa para mí, que tiene un trasfondo muy bonito y que encima de todo es una canción que se ha grabado en otros lenguajes, la han hecho en cumbia, en mariachi... ya es un clásico."

UN INTERÉS ACADÉMICO POR LA MÚSICA. Cuando tenía 14 años, Julissa, su madre, le dijo: "ya no más grupito. Vete a estudiar" y fue así como Benny empezó su formación académica en la música. Estudió en Boston y Nueva York.

Benny compara un poco su abrupta salida de Timbiriche para seguir estudiando a lo que su mamá hizo de joven, cuando abandonó una exitosa carrera de cantante de rocanrol para empezar a hacer teatro.

"A los 27 años ya había producido Jesucristo Súperestrella y el Show de Terror de Rocky y traducía obras", recuerda entusiasmado sobre los inicios de su madre, quien por cierto es hermana del afamado productor Luis de Llano Macedo.

"Siempre mi interés era mucho más académico que realmente la sed de querer ser una estrella y estar en el escenario. Esa parte, también a lo mejor porque la viví tan pequeño... fue como "been there, done that". Ya sé lo que es que te aplaudan, ya sé lo que es firmar autógrafos.

"Para mí siempre digo que es igual de importante como voy a microfonear la tarola de no sé qué canción que la letra del coro, le pongo el mismo interés y le pongo la misma conciencia. Y eso a mí me ayuda a comunicarme más".

Escríbele un correo electrónico a Sandra Velázquez: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.