Prohibido olvidar: Maribel Hastings

Seguir la política de Washington, D.C., durante casi tres décadas ha sido una bendición y una maldición. Bendición por la cantera de experiencia, la capacidad de colocar los nuevos acontecimientos en contexto y presenciar en primera fila la historia en su desarrollo. Maldición porque atestiguar tomaduras de pelo o falsas promesas alimentan el siempre presente cinismo que tenemos ante los políticos.

Ante la muralla invisible del racismo —David Torres

Para todo mundo ha quedado claro que aquella imagen que Estados Unidos tenía como país idílico al que aspiraban, independientemente de su condición, los migrantes de cualquier parte del mundo ha quedado desdibujada, maltrecha. En casi tres años, el surgimiento de una nueva forma de tratar al “otro” ha modificado, quizá para siempre, su posibilidad de convertirse en una verdadera nación de bienvenida.

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