A “Totón”, con amor, en su cumpleaños

(Con especial cariño a todos esos inmigrantes que como yo, añoran ver a los seres queridos que han dejado a la distancia. También para los más de 2 millones de inmigrantes que han sido deportados y separados de sus cónyuges, hijos, familia). 

Desde el fondo de mi corazón quiero dedicar estas palabras a mi madre, Asunción del Carmen. Hoy 27 de marzo está cumpliendo 70 años.

Sé que muchos piensan que salí de Venezuela por suertuda en 2001; buscando otros horizontes, tratando de alcanzar el sueño americano. La verdad es que no, salí siguiendo el sueño prestado de quien entonces era mi compañero, mi esposo. Si hubiese sido por mí, quizá todavía estuviese allá, viva, no sé, muerta, seguramente, porque no me hubiese prestado al silencio mediático de estos tiempos.

Recuerdo que me dijiste, cuando compartí contigo y con papi los planes de emigrar que, “la esposa sigue al marido donde quiera que este vaya”. Muy propia, sin lágrimas en los ojos, pretendiendo estar tranquila para darme seguridad, como siempre, recalcaste “tres años pasan volando”. La cosa es que no fueron tres, sino que van 13 y te extraño.

Pero no te equivocaste, pasados tres años fui a visitarte con la primera nieta que te di, sin contar a la segunda a quien todavía no conoces. Eso fue a mediados del 2004, la última vez que vi a papi vivo. Sacando la cuenta llevo casi 10 años sin abrazarte el día de tu cumpleaños, y se arruga mi corazón cuando lo escribo.

Te negaron la primera visa para venir a visitarme en 2003, ahora, con planes de solicitarla nuevamente, la Embajada estadounidense en Caracas ha emitido un comunicado: “De manera temporal, no se tramitarán visas de turista para venezolanos”. Quién sabe hasta cuándo.

La gente a veces piensa, y en estos tiempos de crisis más, que cuando una persona se va a otro país a probar suerte, es lo mejor de la vida. Se imaginan a uno trabajando y ganando real parejo (expresión venezolana que denota mucho dinero), viviendo en una casota y hablando inglés con todo el mundo. No es así.

Mientras uno se instala en cualquier lugar como inmigrante te entretiene la novedad. Conforme pasan los días, las semanas, los meses, comienzas a adaptarte y, poco a poco te van cayendo los baldes de agua fría. Finalmente te sumerges en lo que un inmigrante sin papeles hace, trabajar sin importar dónde, cuándo ni mucho menos cuántas horas al día, lo que importa es echarle ganas. Admito que a mí no me fue tan mal los primeros 6 años, laboré con una visa de trabajo que me permitió hacerlo legalmente. Aunque no ganaba mucho, ejercía el periodismo y el idioma no fue un obstáculo adverso. Lo bueno vino después del 2007 cuando me quedé sin ese permiso.

El “jale”, como muchos de mis amigos mexicanos le llaman al trabajo, te va consumiendo y el día a día te “dopa”, como si se tratara de una droga. En pocas palabras, te enfocas tanto en eso que te olvidas del mundo.

Hacerte de amigos es otro cuento, no me daría abasto en una columna para explicar lo que significa formar una familia aquí en los Estados Unidos. Lo único que te puedo decir, es que al jojoto le llamo choclo, al pitillo, popote; al plátano frito, chifle y a las camionetas de carga, trocas. Sólo por mencionar algunos cuantos ejemplos.

Todo es novedad los primeros meses, pero después de la primera Navidad fuera de casa, se comienza a extrañar lo propio. Primero la familia, los amigos, los lugares. Cada día un poquito más hasta que pesa como un maletín lleno de piedras que ya no puedes cargar. Pasan los días, las horas y en lo único que piensas es en regresar con los tuyos. Hoy es un día de esos en mi mente.

Mami sólo Dios sabe cuánto te extraño y conoce que, aunque no me aflijo, sí me entristece no tenerte, no poder tocar el portón de la casa y darte la sorpresa de que estoy allí para tu cumpleaños. Pero la realidad me despierta en mi cama Made in USA, con mi esposo Made in USA, con mis hijas Made in USA; desayunando “american breakfast” (desayuno americano) y manejando sin perros en la calle, ni huecos en el pavimento. Es otra vida por la que doy gracias a Dios, no me mal interpretes, ahora sé que Él me trajo a este país y que su gracia me ha mantenido todo este tiempo acompañada de gente excepcional, amigos entrañables, hermanos en Cristo que han hecho lo impensable por mí. A Dios toda la Honra y Gloria, porque su mano me fortalece y levanta, sobre todo en un día como hoy cuando te extraño como si le hubiera dado la vuelta al mundo en 3,640 días, si calculamos los casi 10 años que llevo sin verte.

Feliz cumpleaños mami, nos vemos pronto.

Escrito está: “Mujer virtuosa ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Ciñe de fuerzas sus lomos, y esfuerza sus brazos. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Fuerza y honor son sus vestiduras y se ríe de lo porvenir. Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.” Proverbios 31: 10, 11, 15, 17, 23, 25 y 29.

 

Desde el fondo de mi corazón quiero dedicar estas palabras a mi madre, Asunción del Carmen. Hoy 27 de marzo está cumpliendo 70 años.

Sé que muchos piensan que salí de Venezuela por suertuda en 2001; buscando otros horizontes, tratando de alcanzar el sueño americano. La verdad es que no, salí siguiendo el sueño prestado de quien entonces era mi compañero, mi esposo. Si hubiese sido por mí, quizá todavía estuviese allá, viva, no sé, muerta, seguramente, porque no me hubiese prestado al silencio mediático de estos tiempos.

Recuerdo que me dijiste, cuando compartí contigo y con papi los planes de emigrar que, “la esposa sigue al marido donde quiera que este vaya”. Muy propia, sin lágrimas en los ojos, pretendiendo estar tranquila para darme seguridad, como siempre, recalcaste “tres años pasan volando”. La cosa es que no fueron tres, sino que van 13 y te extraño.

Pero no te equivocaste, pasados tres años fui a visitarte con la primera nieta que te di, sin contar a la segunda a quien todavía no conoces. Eso fue a mediados del 2004, la última vez que vi a papi vivo. Sacando la cuenta llevo casi 10 años sin abrazarte el día de tu cumpleaños, y se arruga mi corazón cuando lo escribo.

Te negaron la primera visa para venir a visitarme en 2003, ahora, con planes de solicitarla nuevamente, la Embajada estadounidense en Caracas ha emitido un comunicado: “De manera temporal, no se tramitarán visas de turista para venezolanos”. Quién sabe hasta cuándo.

La gente a veces piensa, y en estos tiempos de crisis más, que cuando una persona se va a otro país a probar suerte, es lo mejor de la vida. Se imaginan a uno trabajando y ganando real parejo (expresión venezolana que denota mucho dinero), viviendo en una casota y hablando inglés con todo el mundo. No es así.

Mientras uno se instala en cualquier lugar como inmigrante te entretiene la novedad. Conforme pasan los días, las semanas, los meses, comienzas a adaptarte y, poco a poco te van cayendo los baldes de agua fría. Finalmente te sumerges en lo que un inmigrante sin papeles hace, trabajar sin importar dónde, cuándo ni mucho menos cuántas horas al día, lo que importa es echarle ganas. Admito que a mí no me fue tan mal los primeros 6 años, laboré con una visa de trabajo que me permitió hacerlo legalmente. Aunque no ganaba mucho, ejercía el periodismo y el idioma no fue un obstáculo adverso. Lo bueno vino después del 2007 cuando me quedé sin ese permiso.

El “jale”, como muchos de mis amigos mexicanos le llaman al trabajo, te va consumiendo y el día a día te “dopa”, como si se tratara de una droga. En pocas palabras, te enfocas tanto en eso que te olvidas del mundo.

Hacerte de amigos es otro cuento, no me daría abasto en una columna para explicar lo que significa formar una familia aquí en los Estados Unidos. Lo único que te puedo decir, es que al jojoto le llamo choclo, al pitillo, popote; al plátano frito, chifle y a las camionetas de carga, trocas. Sólo por mencionar algunos cuantos ejemplos.

Todo es novedad los primeros meses, pero después de la primera Navidad fuera de casa, se comienza a extrañar lo propio. Primero la familia, los amigos, los lugares. Cada día un poquito más hasta que pesa como un maletín lleno de piedras que ya no puedes cargar. Pasan los días, las horas y en lo único que piensas es en regresar con los tuyos. Hoy es un día de esos en mi mente.

Mami sólo Dios sabe cuánto te extraño y conoce que, aunque no me aflijo, sí me entristece no tenerte, no poder tocar el portón de la casa y darte la sorpresa de que estoy allí para tu cumpleaños. Pero la realidad me despierta en mi cama Made in USA, con mi esposo Made in USA, con mis hijas Made in USA; desayunando “american breakfast” (desayuno americano) y manejando sin perros en la calle, ni huecos en el pavimento. Es otra vida por la que doy gracias a Dios, no me mal interpretes, ahora sé que Él me trajo a este país y que su gracia me ha mantenido todo este tiempo acompañada de gente excepcional, amigos entrañables, hermanos en Cristo que han hecho lo impensable por mí. A Dios toda la Honra y Gloria, porque su mano me fortalece y levanta, sobre todo en un día como hoy cuando te extraño como si le hubiera dado la vuelta al mundo en 3,640 días, si calculamos los casi 10 años que llevo sin verte.

Feliz cumpleaños mami, nos vemos pronto.

Escrito está: “Mujer virtuosa ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Ciñe de fuerzas sus lomos, y esfuerza sus brazos. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Fuerza y honor son sus vestiduras y se ríe de lo porvenir. Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.” Proverbios 31: 10, 11, 15, 17, 23, 25 y 29.