Reforma de telecom pone a prueba a EPN

MÉXICO -- Después de la detención por corrupción de Elba Esther Gordillo, la poderosa líder del SNTE, el presidente Enrique Peña Nieto aseguró en el seno del PRI: “En México no hay intereses intocables”. Sus palabras serán puestas a prueba a partir de ahora con un envite de mayor riesgo político.

El proyecto de reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, presentado ayer y consensuado en el marco del Pacto por México, pretende poner coto al monopolio en el sector de los tres empresarios más influyentes del País: Carlos Slim, cuya compañía América Móvil controla el 70% de las líneas de telefonía fija (Telmex) y el 75% de los celulares (Telcel) y servicios de banda ancha; y Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, dueños, respectivamente, de Televisa y TV Azteca, cuya cuota de pantalla combinada llega al 96%.

Para impulsar condiciones de “competencia plena”, la reforma fija en 49% la inversión extranjera directa en el segmento de radiodifusión, y la sube hasta 100% en telecomunicaciones y comunicación vía satélite.

El pulso con los poderes fácticos está servido, y tanto la credibilidad del nuevo Gobierno como la solidez del Pacto por México, en juego, pese a la unidad de propósito mostrada por todas las fuerzas políticas.

Desde hoy, el espectro radioeléctrico, como la minería o el transporte aéreo, es un “bien de dominio directo de la nación” y el recurso contra las normas no suspenderá su aplicación.

La aprobación de esta reforma -elaborada en secreto por un equipo de expertos y negociada con sigilo por los líderes de los principales partidos políticos-, dará lugar a una nueva ley de telecomunicaciones cuyo trámite parlamentaria llevará meses.

Luis Miguel González, director del diario El Economista, distingue dos componentes en la reforma. “La referida a las infraestructuras de telefonía e Internet responde a la presión internacional al no ser México un país globalizado en este mercado. La de televisión obedece más a la agenda interna, es un ajuste de cuentas de la clase política con las cadenas, de saber quién manda. El PAN, que gobernó los últimos 12 años, no tuvo la capacidad ni tan siquiera la malicia de entender el poder el Estado, algo que el PRI lleva en su ADN”.

Fuente: El País

El proyecto de reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, presentado ayer y consensuado en el marco del Pacto por México, pretende poner coto al monopolio en el sector de los tres empresarios más influyentes del País: Carlos Slim, cuya compañía América Móvil controla el 70% de las líneas de telefonía fija (Telmex) y el 75% de los celulares (Telcel) y servicios de banda ancha; y Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego, dueños, respectivamente, de Televisa y TV Azteca, cuya cuota de pantalla combinada llega al 96%.

Para impulsar condiciones de “competencia plena”, la reforma fija en 49% la inversión extranjera directa en el segmento de radiodifusión, y la sube hasta 100% en telecomunicaciones y comunicación vía satélite.

El pulso con los poderes fácticos está servido, y tanto la credibilidad del nuevo Gobierno como la solidez del Pacto por México, en juego, pese a la unidad de propósito mostrada por todas las fuerzas políticas.

Desde hoy, el espectro radioeléctrico, como la minería o el transporte aéreo, es un “bien de dominio directo de la nación” y el recurso contra las normas no suspenderá su aplicación.

La aprobación de esta reforma -elaborada en secreto por un equipo de expertos y negociada con sigilo por los líderes de los principales partidos políticos-, dará lugar a una nueva ley de telecomunicaciones cuyo trámite parlamentaria llevará meses.

Luis Miguel González, director del diario El Economista, distingue dos componentes en la reforma. “La referida a las infraestructuras de telefonía e Internet responde a la presión internacional al no ser México un país globalizado en este mercado. La de televisión obedece más a la agenda interna, es un ajuste de cuentas de la clase política con las cadenas, de saber quién manda. El PAN, que gobernó los últimos 12 años, no tuvo la capacidad ni tan siquiera la malicia de entender el poder el Estado, algo que el PRI lleva en su ADN”.

Fuente: El País