Dallas ISD

Blog: El Mustang Mach-E partiendo plaza por el Norte de Texas

El Mustang Mach-E es la versión totalmente eléctrica y rediseñada del legendario Mustang e independientemente de la clasificación que los más especialistas en el ramo le den, mi experiencia por las calles de Dallas y un poco al norte de la ciudad a bordo del automóvil fue simplemente excepcional.

Confieso que yo misma fui parte de los muchos escépticos que se pronunciaron el año pasado cuando Ford anunció el Mustang en versión totalmente eléctrica y con apariencia -sobre todo en fotos y videos- de un SUV mediano promedio. Supongo que es la natural resistencia al cambio. El apego de muchos a una marca tan emblemática y tan querida.

Mi opinión, un año después es totalmente diferente. No me considero fanática de autos, aunque a través de los años por lo menos dos me han cautivado por completo y ahora, agregaré el Mustang Mach-E a la lista de entrañables sobre todo por el recuerdo que me dejó después de conducirlo durante una semana y las genuinas muestras de admiración que recogí por las calles.

Una de las anécdotas más graciosas me pasó en el estacionamiento de Half Price Books, a donde curiosamente llegué a cargar la batería una tarde y lo primero que descubrí fue que el servicio era gratuito. Poco después, cuando revisaba que el cargador estuviera correctamente conectado y que estuviera alimentando la batería se acercó un hombre a saludarme. Tenía un auto eléctrico también (Chevy Bolt) y me dijo emocionado que le parecía que yo era la primera persona a la que veía con un Mustang Mach-E en todo Texas.

Se declaró entusiasta de los carros eléctricos y en menos de lo que imaginé me empezó a ennumerar una serie de características del Mach-E que yo ignoraba, honestamente. La que más se me grabó fue la forma en que la cajuela puede abrir, sin usar las manos, tan solo con hacer un movimiento con la pierna por debajo del cerrojo (una ligera extensión o patadita al aire). Para cuando traiga bolsas en las manos a la salida del súper, pensé en seguida.

Con la curiosidad de ambos, abrí la parte delantera del auto y por primera vez en mi vida vi un vehículo sin motor en donde tradicionalmente reinan, entre cables y otras partes mecánicas. Aquello parecía una hielera o un compartimiento sopresa, espacioso y nítido. Todo un descubrimiento.

Mi guía espontánea del momento me dijo que estaba listo para adquirir uno, porque también era amante de los "gadgets". Y esta persona no fue la única que se deshizo en halagos y curiosidad por el auto. Por las calles pequeñas, en la carretera y en el White Rock (mi lago preferido), los pulgares hacia arriba no faltaron. Me hicieron sentir como si estuviera participando en una especie de desfile preparado.

Usualmente echo mano de las características técnicas de los vehículos que recibo a préstamo para "probar", pero esta vez quise compartir el fenómeno que se desdobló ante mis ojos por el hecho de pasear con la edición debut de una súper marca. El Mustang Mach-E no ruge, pero su identidad conquista a propios y extraños. El tiempo dirá qué tanto impacto de ventas tendrá.

Confieso que yo misma fui parte de los muchos escépticos que se pronunciaron el año pasado cuando Ford anunció el Mustang en versión totalmente eléctrica y con apariencia -sobre todo en fotos y videos- de un SUV mediano promedio. Supongo que es la natural resistencia al cambio. El apego de muchos a una marca tan emblemática y tan querida.

Mi opinión, un año después es totalmente diferente. No me considero fanática de autos, aunque a través de los años por lo menos dos me han cautivado por completo y ahora, agregaré el Mustang Mach-E a la lista de entrañables sobre todo por el recuerdo que me dejó después de conducirlo durante una semana y las genuinas muestras de admiración que recogí por las calles.

Una de las anécdotas más graciosas me pasó en el estacionamiento de Half Price Books, a donde curiosamente llegué a cargar la batería una tarde y lo primero que descubrí fue que el servicio era gratuito. Poco después, cuando revisaba que el cargador estuviera correctamente conectado y que estuviera alimentando la batería se acercó un hombre a saludarme. Tenía un auto eléctrico también (Chevy Bolt) y me dijo emocionado que le parecía que yo era la primera persona a la que veía con un Mustang Mach-E en todo Texas.

Se declaró entusiasta de los carros eléctricos y en menos de lo que imaginé me empezó a ennumerar una serie de características del Mach-E que yo ignoraba, honestamente. La que más se me grabó fue la forma en que la cajuela puede abrir, sin usar las manos, tan solo con hacer un movimiento con la pierna por debajo del cerrojo (una ligera extensión o patadita al aire). Para cuando traiga bolsas en las manos a la salida del súper, pensé en seguida.

Con la curiosidad de ambos, abrí la parte delantera del auto y por primera vez en mi vida vi un vehículo sin motor en donde tradicionalmente reinan, entre cables y otras partes mecánicas. Aquello parecía una hielera o un compartimiento sopresa, espacioso y nítido. Todo un descubrimiento.

Mi guía espontánea del momento me dijo que estaba listo para adquirir uno, porque también era amante de los "gadgets". Y esta persona no fue la única que se deshizo en halagos y curiosidad por el auto. Por las calles pequeñas, en la carretera y en el White Rock (mi lago preferido), los pulgares hacia arriba no faltaron. Me hicieron sentir como si estuviera participando en una especie de desfile preparado.

Usualmente echo mano de las características técnicas de los vehículos que recibo a préstamo para "probar", pero esta vez quise compartir el fenómeno que se desdobló ante mis ojos por el hecho de pasear con la edición debut de una súper marca. El Mustang Mach-E no ruge, pero su identidad conquista a propios y extraños. El tiempo dirá qué tanto impacto de ventas tendrá.