Quise hacer alusión a esta tierna historia (El Rey León, en Broadway Dallas) para felicitar a los padres en este mes en el que celebramos a el rey de la casa, en el que se habla de la salud masculina y de cosas que en realidad, al igual que del lado femenino, deberíamos de tener muy presentes cada día del año.
Sucedió así: El mismo día que fui al estreno de prensa de El Rey León, el pasado 6 de junio, por la mañana se me antojó un caldo de pollo en un local donde lo hacen como sopa de tortilla y cumple su cometido nutritivo, me parece. Salí también para despejarme un poco de una semana con mucho qué leer y apenas tiempo para plasmar una historia que no se "venza" o caduque al día siguiente. Y sin buscarlo, en ese tramo de 30 a 45 minutos, un hispano nacido en Monterrey me regaló una anécdota que sin buscar concatené horas más tarde en mi mente al ver el espectacular musical de Disney en el Music Hall de Fair Park.
Historias: Después de saludar, mi interlocutor se dio permiso de hablar de sus luchas personales, sus hijos e hijas y sus compañeros de trabajo. De buenas a primeras me empezó a contar cómo llego. Dijo que California lo había recibido con mucho trabajo en el norte del estado a finales de la década de 1980, mientras que al mismo tiempo sus padres ya vivían en alguna parte de Texas, probablemente en Dallas, pero no recuerdo que lo haya confirmado. Lo cierto es que dijo que al poco tiempo se mudó a esta ciudad para estar cerca de ellos.
Este regiomontano quiso también contarme cómo entre contratistas y subcontratistas se suelen regatear precios y/o que a veces se tienen que ajustar a lo que los dueños de casas ofrecen para pagar; hay tacaños y hay unos cuantos generosos. "Sobre todo al principio", cuando los trabajadores están recién llegados. Con el tiempo él aprendió a no malbaratar su trabajo, me aseguró. (Destapó una Coca y yo un Topo Chico, la televisión gracias a Dios no tenía alto el volúmen). De repente, un tema más "delicado". De entre sus memorias orales del momento recordó el caso de un trabajador que no entendía absolutamente nada en inglés. Alguien más "le ayudaba" a comunicarse, pero le cobraba. Se puso algo sentimental al decirme. Fue una más de entre tantas historias que conmueven por lo increíble que parecen. Terminó esa anécdota diciéndome que alguna vez le tocó ayudar a ese hombre, y que por supuesto, él no le cobró. "Yo cuando aprendí inglés", empecé a ayudar a otros. "¿Cómo les voy a cobrar?".
Le conté que hace algunos años conocí a un padre de familia que vivía en Carrollton con una mujer que no era la madre de sus hijos, pues ellos estaban en Guanajuato. Este hombre me contó a detalle que era víctima de violencia doméstica y que, por más increíble que pareciera, había sido echado de la casa que estaba pagando junto a la mujer con la que vivía. Había recibido cargos y una orden de restricción. No podía regresar a su hogar, ni quedarse en la casa de su hermano que vivía en frente. Su caso terminó después de más de un año con la orden de una jueza que revisó las pruebas que él tenía de denuncias no atendidas y de estancias en el hospital por tratamiento. Se regresó a Guanajuato con la cabeza en alto y recuperó algo de lo que había invertido en la compra de esa casa. Le conté a mi interlocutor que cuando me enteré de ese caso, más de dos colegas no creían que el señor estuviera diciendo la verdad. Lo que ocurre es que muchos hombres no cuentan sus historias, pero no porque no las tengan.
Regresando al "show" que vi por la noche, me quedé con nuevas impresiones de la historia de The Lion King; además de ser un increíble testamento a la creatividad y las ganas de comunicar en formato teatral el mensaje de la película, es un homenaje muy necesario al amor de padre. Cuando Simba quiere darse por vencido escucha la voz de su padre que ya no vive, pero cuya protección, se entiende, queda para siempre. También se le aparecen dos grandes amigos que no lo dejan solo, a merced de las hienas, entre otros peligros. Entre los miles de hispanos que llegan solos a Estados Unidos, no es extraño que se formen lazos tan estrechos y que muchos jóvenes encuentren a menudo a figuras paternas entre sus compañeros de trabajo, en medio de tantas batallas que libran en el día a día.
¡Feliz Día del Padre! (Tarde, pero seguro).
(Durante la mayor parte del mes de junio el musical que ya se convirtió en un clásico de Broadway, "El Rey León", ha estado en cartelera en Dallas para beneplácito de los miles que han podido disfrutarlo, y estará unos cuantos días más en julio).
Sucedió así: El mismo día que fui al estreno de prensa de El Rey León, el pasado 6 de junio, por la mañana se me antojó un caldo de pollo en un local donde lo hacen como sopa de tortilla y cumple su cometido nutritivo, me parece. Salí también para despejarme un poco de una semana con mucho qué leer y apenas tiempo para plasmar una historia que no se "venza" o caduque al día siguiente. Y sin buscarlo, en ese tramo de 30 a 45 minutos, un hispano nacido en Monterrey me regaló una anécdota que sin buscar concatené horas más tarde en mi mente al ver el espectacular musical de Disney en el Music Hall de Fair Park.
Historias: Después de saludar, mi interlocutor se dio permiso de hablar de sus luchas personales, sus hijos e hijas y sus compañeros de trabajo. De buenas a primeras me empezó a contar cómo llego. Dijo que California lo había recibido con mucho trabajo en el norte del estado a finales de la década de 1980, mientras que al mismo tiempo sus padres ya vivían en alguna parte de Texas, probablemente en Dallas, pero no recuerdo que lo haya confirmado. Lo cierto es que dijo que al poco tiempo se mudó a esta ciudad para estar cerca de ellos.
Este regiomontano quiso también contarme cómo entre contratistas y subcontratistas se suelen regatear precios y/o que a veces se tienen que ajustar a lo que los dueños de casas ofrecen para pagar; hay tacaños y hay unos cuantos generosos. "Sobre todo al principio", cuando los trabajadores están recién llegados. Con el tiempo él aprendió a no malbaratar su trabajo, me aseguró. (Destapó una Coca y yo un Topo Chico, la televisión gracias a Dios no tenía alto el volúmen). De repente, un tema más "delicado". De entre sus memorias orales del momento recordó el caso de un trabajador que no entendía absolutamente nada en inglés. Alguien más "le ayudaba" a comunicarse, pero le cobraba. Se puso algo sentimental al decirme. Fue una más de entre tantas historias que conmueven por lo increíble que parecen. Terminó esa anécdota diciéndome que alguna vez le tocó ayudar a ese hombre, y que por supuesto, él no le cobró. "Yo cuando aprendí inglés", empecé a ayudar a otros. "¿Cómo les voy a cobrar?".
Le conté que hace algunos años conocí a un padre de familia que vivía en Carrollton con una mujer que no era la madre de sus hijos, pues ellos estaban en Guanajuato. Este hombre me contó a detalle que era víctima de violencia doméstica y que, por más increíble que pareciera, había sido echado de la casa que estaba pagando junto a la mujer con la que vivía. Había recibido cargos y una orden de restricción. No podía regresar a su hogar, ni quedarse en la casa de su hermano que vivía en frente. Su caso terminó después de más de un año con la orden de una jueza que revisó las pruebas que él tenía de denuncias no atendidas y de estancias en el hospital por tratamiento. Se regresó a Guanajuato con la cabeza en alto y recuperó algo de lo que había invertido en la compra de esa casa. Le conté a mi interlocutor que cuando me enteré de ese caso, más de dos colegas no creían que el señor estuviera diciendo la verdad. Lo que ocurre es que muchos hombres no cuentan sus historias, pero no porque no las tengan.
Regresando al "show" que vi por la noche, me quedé con nuevas impresiones de la historia de The Lion King; además de ser un increíble testamento a la creatividad y las ganas de comunicar en formato teatral el mensaje de la película, es un homenaje muy necesario al amor de padre. Cuando Simba quiere darse por vencido escucha la voz de su padre que ya no vive, pero cuya protección, se entiende, queda para siempre. También se le aparecen dos grandes amigos que no lo dejan solo, a merced de las hienas, entre otros peligros. Entre los miles de hispanos que llegan solos a Estados Unidos, no es extraño que se formen lazos tan estrechos y que muchos jóvenes encuentren a menudo a figuras paternas entre sus compañeros de trabajo, en medio de tantas batallas que libran en el día a día.
¡Feliz Día del Padre! (Tarde, pero seguro).
(Durante la mayor parte del mes de junio el musical que ya se convirtió en un clásico de Broadway, "El Rey León", ha estado en cartelera en Dallas para beneplácito de los miles que han podido disfrutarlo, y estará unos cuantos días más en julio).