"Pajarito colibrí, no tengas miedo de salir, hoy el mundo quiere que despiertes para ser feliz. Pajarito colibrí, no tengas miedo de vivir que la noche oscura y misteriosa baila para ti".
Natalia Lafourcade conquistó al público de la Ópera Winspear en el distrito artístico de Dallas en dos noches consecutivas.
La conquista, o flechazo, inició desde el momento en que se abrió una segunda fecha por demanda popular, hay que hacer notar. Sus actuaciones marcaron el inicio de su gira "Cancionera" por Estados Unidos, un dato emotivo que la consagrada cantante no pasó por alto.
Se dijo contenta de poder emprender una gira acústica y con tintes teatrales, "a guitarra y a voz, como lo han hecho tantos cancioneros y cancioneras que admiro y respeto, el canto que interpreto y evoco a través de este teatro de la canción y este caminito de canciones".
Sus seguidores la conocen muy bien. Algunos, ansiosos, pedían silencio a pocos minutos de que comenzara el programa del viernes, sabiendo probablemente de antemano que en los shows de Lafourcade cada detalle cuenta. Pero la feliz expectación por verla aparecer en el escenario se alargó y la introducción tuvo que repetirse porque un par de asistentes, por cosas del destino, adquirieron boletos repetidos y fueron reasignados a otras butacas. La entrada entonces volvió a sonar, invitando a los asistentes a desahogar sus emociones si así les apetecía, entre otras instrucciones y palabras de bienvenida. Una especie de, listos para despegar.
Su Teatro de la canción constó de tres actos, y en cada uno fue merecidamente ovacionada. El público interactuó con la cantante de tanto en tanto, a media luz, sin llegar a interrumpir. Otros, silenciosos, grababan video con la ayuda de los reflectores que de vez en cuando alumbraban un poco más el escenario. Pero el objetivo del diseño del show apuntaba a generar momentos más íntimos, reflexivos y de calma, tal vez en busca de una serenidad gozosa.
"Pajarito colíbrí", "Nunca es suficiente", "María la curandera", y la muy esperada, poco antes de cerrar, "Hasta la raíz", algunas de las joyas sonoras de su vasto repertorio, todas en versión acústica cumplieron su cometido, como una especie de cariño para el alma.
Natalia no dejó de sorprender durante el espléndido espectáculo que presentó. Le cantó al amor, a la soledad, al desamor, a la insuficiencia de amor, a su tierra, Veracruz; a su país, y a la vida y a la muerte—en una sola pieza. En forma de protesta sutil y en solidaridad "sembró una oración de paz", porque como bien dijo antes de interpretarla, "la canción también me ha enseñado que también es un servicio". La bossa nova, uno de sus géneros favoritos, también sonó con las sublimes cuerdas de su guitarra.
Fue una velada con demasiados matices, sin mucha pretensión y al mismo tiempo con una profundidad difícil de ignorar. Su aparente estilo pop independiente es contundente y su honestidad artística convence al primer intento: en sus letras comparte la esencia de un espíritu tan libre como vulnerable (y a una mujer grande de corazón). Austin, prepárate.
Natalia Lafourcade conquistó al público de la Ópera Winspear en el distrito artístico de Dallas en dos noches consecutivas.
La conquista, o flechazo, inició desde el momento en que se abrió una segunda fecha por demanda popular, hay que hacer notar. Sus actuaciones marcaron el inicio de su gira "Cancionera" por Estados Unidos, un dato emotivo que la consagrada cantante no pasó por alto.
Se dijo contenta de poder emprender una gira acústica y con tintes teatrales, "a guitarra y a voz, como lo han hecho tantos cancioneros y cancioneras que admiro y respeto, el canto que interpreto y evoco a través de este teatro de la canción y este caminito de canciones".
Sus seguidores la conocen muy bien. Algunos, ansiosos, pedían silencio a pocos minutos de que comenzara el programa del viernes, sabiendo probablemente de antemano que en los shows de Lafourcade cada detalle cuenta. Pero la feliz expectación por verla aparecer en el escenario se alargó y la introducción tuvo que repetirse porque un par de asistentes, por cosas del destino, adquirieron boletos repetidos y fueron reasignados a otras butacas. La entrada entonces volvió a sonar, invitando a los asistentes a desahogar sus emociones si así les apetecía, entre otras instrucciones y palabras de bienvenida. Una especie de, listos para despegar.
Su Teatro de la canción constó de tres actos, y en cada uno fue merecidamente ovacionada. El público interactuó con la cantante de tanto en tanto, a media luz, sin llegar a interrumpir. Otros, silenciosos, grababan video con la ayuda de los reflectores que de vez en cuando alumbraban un poco más el escenario. Pero el objetivo del diseño del show apuntaba a generar momentos más íntimos, reflexivos y de calma, tal vez en busca de una serenidad gozosa.
"Pajarito colíbrí", "Nunca es suficiente", "María la curandera", y la muy esperada, poco antes de cerrar, "Hasta la raíz", algunas de las joyas sonoras de su vasto repertorio, todas en versión acústica cumplieron su cometido, como una especie de cariño para el alma.
Natalia no dejó de sorprender durante el espléndido espectáculo que presentó. Le cantó al amor, a la soledad, al desamor, a la insuficiencia de amor, a su tierra, Veracruz; a su país, y a la vida y a la muerte—en una sola pieza. En forma de protesta sutil y en solidaridad "sembró una oración de paz", porque como bien dijo antes de interpretarla, "la canción también me ha enseñado que también es un servicio". La bossa nova, uno de sus géneros favoritos, también sonó con las sublimes cuerdas de su guitarra.
Fue una velada con demasiados matices, sin mucha pretensión y al mismo tiempo con una profundidad difícil de ignorar. Su aparente estilo pop independiente es contundente y su honestidad artística convence al primer intento: en sus letras comparte la esencia de un espíritu tan libre como vulnerable (y a una mujer grande de corazón). Austin, prepárate.