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Mar, Ago

Crédito: Jay Simon, Ten Ten Creative

DALLAS -- El concurso anual de Ballet Folklórico del Norte de Texas concluyó con éxito su quinta edición, en la que por primera vez participaron más de 500 estudiantes.

La competencia estudiantil ha crecido a tal punto, que este año también, por primera vez, se extendió a dos días (el pasado 2 y 3 de marzo) en el teatro Wyly, una sede que podría ser insuficiente, en un futuro, ante la creciente demanda.

Daniel Negrete, profesor de danza en la preparatoria Woodrow Wilson y uno de los cofundadores del concurso, destacó cómo el certamen ha comenzado a atraer cada vez más a grupos de otras partes del estado, no tan cerca del norte de Texas.

"Decimos que es del norte, pero vienen de Seguin, de Austin... Así que estamos planeando expandir el concurso el año que viene a norte, centro y sur (del estado)", explicó.

Crece cada año
El concurso anual nació como una competencia en línea con cerca de 20 grupos participantes, cada uno actuando de manera remota, pero con un entusiasmo que ha ido en aumento, después de que el evento hizo la transición al formato presencial.

"Es demasiado importante tener un concurso así, donde se pueda empoderar a los hispanos, a nuestros niños, y compartir un poquito de nuestra cultura", agregó Negrete en el día de clausura del concurso, poco antes de la ceremonia de premios.

Nacido en México, Negrete conoce muy bien el poder transformador del folclor y el conocer a fondo las posibilidades de esta disciplina lo sigue emocionando, siendo él egresado de la misma preparatoria Woodrow Wilson —donde ahora dirige uno de los programas de danza.

"Me enorgullece demasiado, es muy gratificante como maestro", dijo sobre el evento. "No nada más tenemos niños mexicanos (de origen); aunque el folclor en el que nos centramos aquí es mexicano, hay niños afrodescendientes, blancos, de Asia… Es hermoso ver cómo las culturas trascienden todo".

Si para él como instructor y guía es hasta cierto punto conmovedora la danza folclórica, para los estudiantes el significado de bailar va más allá de poder competir.

Celebración
"Es una forma de empoderamiento para ellos, de celebrarse a sí mismos y de celebrar de dónde vienen", reflexionó. "Salir al escenario no es fácil; estás vulnerable ahí arriba, pero es uno de los sentimientos más hermosos", dijo Negrete.

Recordó su propia experiencia como bailarín adolescente: "Si yo pude hacerlo a los 14 años frente a miles de personas, ellos también pueden. Son lecciones que se llevan para toda la vida".

Los estudiantes se organizan, disfrutan, y como dice Negrete, aprenden. En las mesas de la entrada del teatro, uno de los grupos participantes vendía camisetas por $20 para apoyar el gasto que significa su presencia en el evento.

El apoyo que han recibido para tener un lugar fijo en donde bailar -el Centro de Artes Escénicas AT&T, ha sido pieza clave en el crecimiento del proyecto, el cual tiene como objetivo cercano el ser reconocido por la UIL de Texas.

Warren Tranquada, presidente y director ejecutivo del Centro AT&T, resaltó la importancia e impacto del concurso en el poco tiempo que lleva de existencia.

Una voz
"En solo cinco años, el Concurso de Ballet Folklórico del Norte de Texas se ha convertido en un concurso de danza modelo para Texas", declaró. "Los estudiantes que compiten me han dicho que este programa los ha ayudado a comprender la historia de sus familias, les da voz y les ha permitido sentirse vistos y respetados por sus compañeros".

Tranquada destacó además que, al igual que los concursos de mariachi, que ya están aprobados por la UIL, este certamen de danza llena un hueco "cultural" para los estudiantes y sus familias.

Durante las presentaciones, no es extraño escuchar gritos de apoyo entre los estudiantes o celebraciones de los padres, que orgullosos ven desde las butacas a sus hijos.

Karla Hardaway, otra cofundadora del concurso y presidenta de la Asociación de Danza y Cultura de Texas, reiteró que siguen trabajando y esforzándose para que el concurso sea reconocido oficialmente por la UIL.

"El año pasado estuvimos muy cerca de lograr nuestro objetivo, pero no lo conseguimos", señaló, aunque confía en que lograrlo sea solo cuestión de tiempo.

Para Hardaway, el reconocimiento tendría un significado profundo para los jóvenes bailarines, además de logísticamente favorecerlos con apoyos económicos:

"Los estudiantes merecen la oportunidad de competir al más alto nivel, a la altura de su talento y potencial. Para ellos, ese reconocimiento sería más que un estímulo académico; sería la validación de uno de los pilares de su identidad cultural".

La competencia estudiantil ha crecido a tal punto, que este año también, por primera vez, se extendió a dos días (el pasado 2 y 3 de marzo) en el teatro Wyly, una sede que podría ser insuficiente, en un futuro, ante la creciente demanda.

Daniel Negrete, profesor de danza en la preparatoria Woodrow Wilson y uno de los cofundadores del concurso, destacó cómo el certamen ha comenzado a atraer cada vez más a grupos de otras partes del estado, no tan cerca del norte de Texas.

"Decimos que es del norte, pero vienen de Seguin, de Austin... Así que estamos planeando expandir el concurso el año que viene a norte, centro y sur (del estado)", explicó.

Crece cada año
El concurso anual nació como una competencia en línea con cerca de 20 grupos participantes, cada uno actuando de manera remota, pero con un entusiasmo que ha ido en aumento, después de que el evento hizo la transición al formato presencial.

"Es demasiado importante tener un concurso así, donde se pueda empoderar a los hispanos, a nuestros niños, y compartir un poquito de nuestra cultura", agregó Negrete en el día de clausura del concurso, poco antes de la ceremonia de premios.

Nacido en México, Negrete conoce muy bien el poder transformador del folclor y el conocer a fondo las posibilidades de esta disciplina lo sigue emocionando, siendo él egresado de la misma preparatoria Woodrow Wilson —donde ahora dirige uno de los programas de danza.

"Me enorgullece demasiado, es muy gratificante como maestro", dijo sobre el evento. "No nada más tenemos niños mexicanos (de origen); aunque el folclor en el que nos centramos aquí es mexicano, hay niños afrodescendientes, blancos, de Asia… Es hermoso ver cómo las culturas trascienden todo".

Si para él como instructor y guía es hasta cierto punto conmovedora la danza folclórica, para los estudiantes el significado de bailar va más allá de poder competir.

Celebración
"Es una forma de empoderamiento para ellos, de celebrarse a sí mismos y de celebrar de dónde vienen", reflexionó. "Salir al escenario no es fácil; estás vulnerable ahí arriba, pero es uno de los sentimientos más hermosos", dijo Negrete.

Recordó su propia experiencia como bailarín adolescente: "Si yo pude hacerlo a los 14 años frente a miles de personas, ellos también pueden. Son lecciones que se llevan para toda la vida".

Los estudiantes se organizan, disfrutan, y como dice Negrete, aprenden. En las mesas de la entrada del teatro, uno de los grupos participantes vendía camisetas por $20 para apoyar el gasto que significa su presencia en el evento.

El apoyo que han recibido para tener un lugar fijo en donde bailar -el Centro de Artes Escénicas AT&T, ha sido pieza clave en el crecimiento del proyecto, el cual tiene como objetivo cercano el ser reconocido por la UIL de Texas.

Warren Tranquada, presidente y director ejecutivo del Centro AT&T, resaltó la importancia e impacto del concurso en el poco tiempo que lleva de existencia.

Una voz
"En solo cinco años, el Concurso de Ballet Folklórico del Norte de Texas se ha convertido en un concurso de danza modelo para Texas", declaró. "Los estudiantes que compiten me han dicho que este programa los ha ayudado a comprender la historia de sus familias, les da voz y les ha permitido sentirse vistos y respetados por sus compañeros".

Tranquada destacó además que, al igual que los concursos de mariachi, que ya están aprobados por la UIL, este certamen de danza llena un hueco "cultural" para los estudiantes y sus familias.

Durante las presentaciones, no es extraño escuchar gritos de apoyo entre los estudiantes o celebraciones de los padres, que orgullosos ven desde las butacas a sus hijos.

Karla Hardaway, otra cofundadora del concurso y presidenta de la Asociación de Danza y Cultura de Texas, reiteró que siguen trabajando y esforzándose para que el concurso sea reconocido oficialmente por la UIL.

"El año pasado estuvimos muy cerca de lograr nuestro objetivo, pero no lo conseguimos", señaló, aunque confía en que lograrlo sea solo cuestión de tiempo.

Para Hardaway, el reconocimiento tendría un significado profundo para los jóvenes bailarines, además de logísticamente favorecerlos con apoyos económicos:

"Los estudiantes merecen la oportunidad de competir al más alto nivel, a la altura de su talento y potencial. Para ellos, ese reconocimiento sería más que un estímulo académico; sería la validación de uno de los pilares de su identidad cultural".