Viajes: St. Augustine, el rinconcito histórico del Atlántico en la Florida

Viajes: St. Augustine, el rinconcito histórico del Atlántico en la Florida

Estampas de St. Augustine en marzo de 2024

¿Por dónde empezar? Fue un viaje tranquilo pero nada monótono. Un pueblo con mar, muchísima historia, buenos restaurantes y casi nada de tráfico.

Después de aterrizar en Jacksonville proveniente de Dallas/Fort Worth, un trayecto sin sobresaltos de casi una hora en taxi hasta el hotel empezó a salpicar el viaje del sabor sureño estadounidense que tiene el norte de la Florida. El personal del hotel DoubleTree en el centro histórico de St. Augustine nos recibió con calidez en el inicio de una semana medianamente fría. Fui la última en llegar y mis compañeros de la prensa ya estaban en el bar listos para salir a nuestra primera cena cerca de la playa.

En Salt Life continuaron las presentaciones y tras un repaso breve del menú, por lo menos dos del grupo cenamos un rico pescado Chili Lime Mahi, en un ambiente casual en interiores, pero con la posibilidad de disfrutar algo de música en vivo afuera y el cobijo de calefactores que vimos a la salida. Definitivamente llegamos con hambre al lugar, pues no nos detuvimos a pensar en recorrerlo más allá del trayecto hacia nuestra mesa o buscar una vista al muelle: primero lo primero. Cena deliciosa y listos para descansar.

(Preguntas inevitables. ¿Quiénes fueron menos agresivos con los nativos (timucuas) durante los períodos de descubrimiento y colonización de lo que ahora se llama Florida en el noreste del país? Las tropas españolas que llegaron primero a explorar y asentarse temporalmente o los británicos que se unieron al allanamiento y los hicieron a un lado? Los guías de turistas tienen algunas versiones encontradas y eso como punto de partida te empuja a una reflexión histórica sobre el pasado de St. Augustine, cuyo nombre, cuesta trabajo encontrar la explicación de que haya sido oficializado en inglés).

HISTORIA. A la mañana siguiente visitamos la misión Nombre de Dios dedicada a Nuestra Señora de la Leche (y Buen Parto), ubicada muy cerca del Doubletree. En unos cuantos pasos nos pudimos remontar al 8 de septiembre de 1565, al lugar donde Pedro Menéndez de Avilés llegó proveniente de España. En ese lugar se celebró la primera misa católica en los Estados Unidos y hay tanto por contar que merece un capítulo aparte.

En los terrenos de la misión hay una hermosa capilla que data de 1600 (reconstruida en 1915) a la que se puede entrar a orar y también están permitidas las fotografías. Adentro se puede ver una de las pocas estatuas en la que la Virgen sostiene al niño Jesús en brazos y lo amamanta. En el fondo de la propiedad, frente a un pequeño lago, hay una cruz (Gran Cruz) lo bastante alta para que los reguladores de aviación hicieran notar que si tuviera unas cuantas pulgadas más de altura, necesitaría luces de precaución para los aviones. Un sitio bueno para hacer más fotos.

A mí me pareció esta visita al santuario de Nuestra Señora de la leche una especie de turismo religioso, pero lo mismo puede ser llamado turismo cultural. Hay demasiados aspectos por revisar para quien tenga la curiosidad y quiera saber más sobre los primeros colonos/exploradores en Estados Unidos que resulta ser que fueron españoles. Y eso va de la mano indiscutiblemente con la fe católica que profesaban los aventureros.

Para completar la experiencia hay una atractiva tienda con todo tipo de adornos, estatuas, rosarios, camisetas, cuadros y hasta un pasaporte al estilo del Camino de Santiago en España para quien se interese en hacer un recorrido religioso que abarca misiones desde la Florida hasta San Diego, California y estampe cada viaje. El costo de recuerdo es $10.00 y en el lugar se puede pedir el primer sello.

El Castillo de San Marcos. Vaya fortaleza y vaya historia la de esta ciudadela. El poderoso Castillo de San Marcos me recordó de inmediato a El Morro, en San Juan, Puerto Rico. A partir de eso, le empecé a llamar "El Morrito", pues durante nuestros recorridos (de lunes a viernes) pasamos varias veces cerca de ahí.

Me parece que de todos los sitios que visitamos, el castillo fue la experiencia más “inmersiva” y cercana a un viaje al pasado. El recorrido es una oportunidad de echar a volar la imaginación en cada rincón del lugar: la visita a la prisión fue inesperada, con apenas una rendija para ver un poco de luz. ¿Cómo se las ha arreglado el hombre a través de la historia para organizarse y establecer protocolos de ataque y defensa en batallas incontables sin computadores portátiles o teléfonos inalámbricos pero con armas (cañones) y logísticas tan poderosas?

COQUINA. El castillo fue construido a base de una piedra llamada coquina, cuyo nombre es pronunciado por los cronistas con cierta veneración y no es para menos, cuenta la historia que su composición prácticamente salvó a San Agustín. Los especialistas la definen a una piedra que recuerda a un conjunto de pequeños fragmentos de concha unidos entre sí.

Como estuvimos durante parte del receso de primavera, nos encontramos a grupos de niños y adolescentes en recorridos guiados. Todos atentos a las narraciones de los guías, aunque el visitante más regular que observamos es el adulto maduro, con tiempo para visitar y ponerse a pensar.

BARBEQUE. Ese martes fue un día en el que soplaban vientos semi gélidos y nuestras expediciones todas fueron casi en exteriores. La “recompensa”, para sorpresa de todos, la encontraríamos otra vez afuera. La comida resultó ser en un expendio de barbeque en el que nos prepararon un banquete (con música “blues” sonando en las bocinas y una mesa de madera a pocos metros de las vías del tren) mínimo “para chuparse los dedos”, como decimos los mexicanos.

Fue simplemente el momento más memorable del día. Smokin' Ds BBQ. El increíble sabor de cada porción nos alivió de cualquier enfriamiento. Habíamos caminado todo el día, pero el estar sentados a la intemperie fue un reto. Aún así, me emociono al recordar la hospitalidad de nuestro anfitrión, su historia de superación y la exquisita comida que nos brindó. Un par de horas después cuando seguíamos recordando la sensación del festín (el pudding de plátano para rematar) le dije a uno de mis compañeros que solo nos hizo falta unos tomates verdes fritos para completar una perfecta comida sureña.

No tuve que esperar mucho para disfrutar de esos tomates, de los cuales solamente tenía referencia por la gran película Fried Green Tomatoes que vi probablemente durante mi último año de universidad.

El miércoles y jueves fueron de recorrido en yate y una cena de fusión caribeña "apapachadora" en Michaels, mi favorita de todo el viaje; una visita extenuante al faro de la ciudad y antes una caminata por la calle San George. La visita al Museo Villa Zorayda, un esplendoroso edificio inspirado en la Alhambra de Granada, es una parada obligada si se dispone de por lo menos un par de días en el lugar. La Catedral Basílica tampoco puede pasar desapercibida al caminar por el centro histórico. Y el viernes, de despedida, pendientes para una segunda entrega. Muchas gracias por leer.

P.d. (En el trayecto de regreso al aeropuerto de Jacksonville pude escuchar el nuevo disco de Shakira y estos fueron mis comentarios). 

Después de aterrizar en Jacksonville proveniente de Dallas/Fort Worth, un trayecto sin sobresaltos de casi una hora en taxi hasta el hotel empezó a salpicar el viaje del sabor sureño estadounidense que tiene el norte de la Florida. El personal del hotel DoubleTree en el centro histórico de St. Augustine nos recibió con calidez en el inicio de una semana medianamente fría. Fui la última en llegar y mis compañeros de la prensa ya estaban en el bar listos para salir a nuestra primera cena cerca de la playa.

En Salt Life continuaron las presentaciones y tras un repaso breve del menú, por lo menos dos del grupo cenamos un rico pescado Chili Lime Mahi, en un ambiente casual en interiores, pero con la posibilidad de disfrutar algo de música en vivo afuera y el cobijo de calefactores que vimos a la salida. Definitivamente llegamos con hambre al lugar, pues no nos detuvimos a pensar en recorrerlo más allá del trayecto hacia nuestra mesa o buscar una vista al muelle: primero lo primero. Cena deliciosa y listos para descansar.

(Preguntas inevitables. ¿Quiénes fueron menos agresivos con los nativos (timucuas) durante los períodos de descubrimiento y colonización de lo que ahora se llama Florida en el noreste del país? Las tropas españolas que llegaron primero a explorar y asentarse temporalmente o los británicos que se unieron al allanamiento y los hicieron a un lado? Los guías de turistas tienen algunas versiones encontradas y eso como punto de partida te empuja a una reflexión histórica sobre el pasado de St. Augustine, cuyo nombre, cuesta trabajo encontrar la explicación de que haya sido oficializado en inglés).

HISTORIA. A la mañana siguiente visitamos la misión Nombre de Dios dedicada a Nuestra Señora de la Leche (y Buen Parto), ubicada muy cerca del Doubletree. En unos cuantos pasos nos pudimos remontar al 8 de septiembre de 1565, al lugar donde Pedro Menéndez de Avilés llegó proveniente de España. En ese lugar se celebró la primera misa católica en los Estados Unidos y hay tanto por contar que merece un capítulo aparte.

En los terrenos de la misión hay una hermosa capilla que data de 1600 (reconstruida en 1915) a la que se puede entrar a orar y también están permitidas las fotografías. Adentro se puede ver una de las pocas estatuas en la que la Virgen sostiene al niño Jesús en brazos y lo amamanta. En el fondo de la propiedad, frente a un pequeño lago, hay una cruz (Gran Cruz) lo bastante alta para que los reguladores de aviación hicieran notar que si tuviera unas cuantas pulgadas más de altura, necesitaría luces de precaución para los aviones. Un sitio bueno para hacer más fotos.

A mí me pareció esta visita al santuario de Nuestra Señora de la leche una especie de turismo religioso, pero lo mismo puede ser llamado turismo cultural. Hay demasiados aspectos por revisar para quien tenga la curiosidad y quiera saber más sobre los primeros colonos/exploradores en Estados Unidos que resulta ser que fueron españoles. Y eso va de la mano indiscutiblemente con la fe católica que profesaban los aventureros.

Para completar la experiencia hay una atractiva tienda con todo tipo de adornos, estatuas, rosarios, camisetas, cuadros y hasta un pasaporte al estilo del Camino de Santiago en España para quien se interese en hacer un recorrido religioso que abarca misiones desde la Florida hasta San Diego, California y estampe cada viaje. El costo de recuerdo es $10.00 y en el lugar se puede pedir el primer sello.

El Castillo de San Marcos. Vaya fortaleza y vaya historia la de esta ciudadela. El poderoso Castillo de San Marcos me recordó de inmediato a El Morro, en San Juan, Puerto Rico. A partir de eso, le empecé a llamar "El Morrito", pues durante nuestros recorridos (de lunes a viernes) pasamos varias veces cerca de ahí.

Me parece que de todos los sitios que visitamos, el castillo fue la experiencia más “inmersiva” y cercana a un viaje al pasado. El recorrido es una oportunidad de echar a volar la imaginación en cada rincón del lugar: la visita a la prisión fue inesperada, con apenas una rendija para ver un poco de luz. ¿Cómo se las ha arreglado el hombre a través de la historia para organizarse y establecer protocolos de ataque y defensa en batallas incontables sin computadores portátiles o teléfonos inalámbricos pero con armas (cañones) y logísticas tan poderosas?

COQUINA. El castillo fue construido a base de una piedra llamada coquina, cuyo nombre es pronunciado por los cronistas con cierta veneración y no es para menos, cuenta la historia que su composición prácticamente salvó a San Agustín. Los especialistas la definen a una piedra que recuerda a un conjunto de pequeños fragmentos de concha unidos entre sí.

Como estuvimos durante parte del receso de primavera, nos encontramos a grupos de niños y adolescentes en recorridos guiados. Todos atentos a las narraciones de los guías, aunque el visitante más regular que observamos es el adulto maduro, con tiempo para visitar y ponerse a pensar.

BARBEQUE. Ese martes fue un día en el que soplaban vientos semi gélidos y nuestras expediciones todas fueron casi en exteriores. La “recompensa”, para sorpresa de todos, la encontraríamos otra vez afuera. La comida resultó ser en un expendio de barbeque en el que nos prepararon un banquete (con música “blues” sonando en las bocinas y una mesa de madera a pocos metros de las vías del tren) mínimo “para chuparse los dedos”, como decimos los mexicanos.

Fue simplemente el momento más memorable del día. Smokin' Ds BBQ. El increíble sabor de cada porción nos alivió de cualquier enfriamiento. Habíamos caminado todo el día, pero el estar sentados a la intemperie fue un reto. Aún así, me emociono al recordar la hospitalidad de nuestro anfitrión, su historia de superación y la exquisita comida que nos brindó. Un par de horas después cuando seguíamos recordando la sensación del festín (el pudding de plátano para rematar) le dije a uno de mis compañeros que solo nos hizo falta unos tomates verdes fritos para completar una perfecta comida sureña.

No tuve que esperar mucho para disfrutar de esos tomates, de los cuales solamente tenía referencia por la gran película Fried Green Tomatoes que vi probablemente durante mi último año de universidad.

El miércoles y jueves fueron de recorrido en yate y una cena de fusión caribeña "apapachadora" en Michaels, mi favorita de todo el viaje; una visita extenuante al faro de la ciudad y antes una caminata por la calle San George. La visita al Museo Villa Zorayda, un esplendoroso edificio inspirado en la Alhambra de Granada, es una parada obligada si se dispone de por lo menos un par de días en el lugar. La Catedral Basílica tampoco puede pasar desapercibida al caminar por el centro histórico. Y el viernes, de despedida, pendientes para una segunda entrega. Muchas gracias por leer.

P.d. (En el trayecto de regreso al aeropuerto de Jacksonville pude escuchar el nuevo disco de Shakira y estos fueron mis comentarios).